Anika-Lillo-Entrevista-2014-topAntes de que Zuckerberg y Jobs dominaran la tierra e hicieran de internet un más que provechoso negocio, antes de las it-girls y Twitter, Anika Lillo, a la que llamaremos a partir de ahora ‘la irreductible’, ya entrevió las posibilidades de la red de redes para hacerse oír. La posibilidad, en su caso, de saltar el muro de las voces autorizadas y dedicarse a la crítica editorial sin pedir permiso. Su web, Anika Entre Libros, ha visto pasar por delante los cadáveres de Yahoo, Myspace, Napster y demás iconos de la burbuja tecnológica. Hoy, 17 años después, aunque la cuenta corriente de esta valenciana arroje algunos ceros menos que la del creador del libro de caras, su suerte de Shakespeare and Company virtual es referente para miles de lectores ávidos de una atmósfera literaria no contaminada por intereses bastardos. Pero nos preguntamos, y le preguntamos, ¿todo está en los libros?

Desde 1996 en la red de redes… ¡Llegó antes que Google! ¿Cómo fueron los comienzos? Internet en el 96 debía ser poco más que una versión optimizada del Teletexto…
Era, sobre todo, un escaparate, y ahí es donde veía yo las carencias. Estaban las bitácoras por un lado y las webs de diseño estupendas por otro, pero no existía un híbrido. Y eso traté de hacer yo: el 2.0 en tiempos jurásicos (se ríe). Estaba muy bien entrar en la web oficial de una revista y leer lo que ponía, pero ¿dónde podía contarles lo que me había parecido a mí un libro?, ¿y una película? Había listas de correo, y antiguos foros, pero no había ningún sitio que lo tuviera todo. Yo creé tres sitios con esas características de contenidos e interactividad: uno de cine, otros de libros y otro de terror.

¿Y todo esto por amor al arte?
Pues sí, y quizás no sería raro de no ser porque llevo unos diecisiete años y medio. Mucha gente trató de hacer lo mismo pero se cansó. Siempre pensé que no sería tanto su amor por los libros cuando desistían por no conseguir rápidamente lo que tenía yo, pero es que esta gente se olvidaba de los años que llevaba dedicando horas, días, semanas, años enteros a los libros por puro amor al arte, con una paciencia infinita. Quizá fuera su ego el que buscaba ser o conseguir lo que tenía yo y por eso fracasaron, les faltó paciencia y tesón; o quizá se retiraron decidiendo que no valía la pena tanto esfuerzo, o creyeron que esto era fácil y rápido y no estaban preparados para comprometerse con tanta dedicación. También hubo otros que fueron padres de familia y se encontraron con que no les quedaba tiempo para dedicarse a sus webs o blogs. Yo he demostrado que se puede hacer, porque he criado a tres hijos al mismo tiempo que hago Anika Entre Libros y hacía las otras webs (y no descarto volver a poner en mis manos de nuevo la de terror, La Casa de Kruela, que ahora está en el taller). Como mucho puedes seleccionar porque no se puede abarcar todo, pero si quieres, puedes.

Webmaster, redactora, madre… pero, ¿usted cuándo lee?
Nunca duermo sin leer antes, y ahí es donde más tiempo le dedico, pero también leo a veces cocinando, caminando –trayectos cortitos, pero los aprovecho bien-, esperando en el coche a que las niñas salgan del cole, o en el ambulatorio, y especialmente si voy de copiloto y no me deslumbra el sol. Y de vez en cuando robo algunas horas al mundo y leo en mitad de una tarde, o un rato en una mañana de domingo si hace buen tiempo, aunque son pocas veces. Lo que he aprendido es a leer rápido, por eso me cunde.

¿Todo está en los libros?
Casi todo, desde cómo practicar un exorcismo a cómo superar una enfermedad. Están los sentimientos que te provoca, que son reales. Con ellos lloramos, nos reímos, nos enfadamos, sentimos verdadera intriga o nos indignamos. Creo que puedes encontrar prácticamente todo lo que busques. Otra cosa es que algunos de esos libros ya no se localicen por estar descatalogados, pero los ha habido rarísimos. Yo aún tengo un pequeño libro forrado en terciopelo negro donde hay salmos para conjurar el buen clima en tiempos de cosechas (con la cruz de Caravaca, dorada, en portada).

Algo habrá que un libro no te pueda dar…
Sí, hay al menos dos cosas que no pueden darte y que están en la vida real: el contacto físico y el amor, cariño o la amistad de las personas reales. Puedes sentir cosas con ellos, pero la vida también hay que vivirla fuera de los libros. Un abrazo no tiene precio.

En ‘Una cuestión de tiempo’ el padre del protagonista, que tiene la capacidad de viajar en el tiempo, volvía al pasado una y otra vez entre otras cosas para poder leer más antes de morirse. ¿Leer es vivir más? ¿Vivir otras vidas?
Sí, absolutamente, y algunos pararíamos el tiempo para hacerlo, pero también es cierto que otros viajarían al pasado (y hablo de forma literal) para recuperar un tiempo que consideran perdido o para vivir esas vidas fuera del papel: un viaje demasiado complicado en la actualidad que hizo algún protagonista en otro continente, conocer una tribu que salía en cierto libro de aventuras y que hoy podría estar extinguida… Ese viaje al pasado podría ofrecerte la oportunidad de vivir con dinosaurios en vez de leer sobre ellos. Lo que no podrían hacer es, por ejemplo, ser ellos mismos Anna Karenina, Dorian Gray o el doctor Frankenstein; sólo podrían vivir su vida leyendo su historia, así que leerían “otras vidas”, pero no podrían viajar en el tiempo y convertirse en ellos. Pero lo que está claro es que tanto parando el tiempo, como viajando en el tiempo para tener así más horas, o simplemente aprovechando el que tienes, leer es vivir más y vivir otras vidas.

Después de miles de años de historias, fábulas, leyendas… ¿Queda algo interesante que escribir? ¿Espera al nuevo Oscar Wilde, al nuevo Henry Miller?
Yo creo que lo que mejor que podemos hacer es esperar a que salgan magos de la palabra y disfrutar de sus obras (los hay ya, que conste), porque difícilmente se inventarán cosas nuevas. Sí, de vez en cuando surgen ideas, como la metaliteratura, mezclas de géneros, literatura activa online… pero en el fondo son métodos, un tipo de invención literaria que no siempre tiene que ver con la calidad o la verdadera innovación. Si no todo, casi todo está escrito, y lo que debe contar es cómo lo narran, su capacidad de sorprendernos, de grabarse en nuestro cerebro. Y pasarán a la historia los que tengan más talento narrativo. Aunque dependiendo de cómo siga nuestra sociedad quizás pasen a la historia best sellers muy simplones, pero por ese simple motivo, por ser libros muy vendidos. Fíjate, aún hablamos de la Biblia y no creo que haya nadie que no sepa qué libro es.

Siempre se retrata al mundo de la literatura como un nido de víboras. Muchas envidias, muchos agravios comparativos… ¿Las ‘letras’ se prestan más a ello? ¿Será tan sólo un reflejo del mundo?
Reflejo del mundo sin duda. Cuando lo he planteado alguna vez en Facebook, han salido personas hablando de otros oficios y en todos ocurre lo mismo: cine, deporte, música, medicina, abogacía… En fin… En todo tipo de empresas y oficios. A mí lo que me da rabia es que tendemos a generalizar y cuando uno se siente muy alejado de esos sentimientos y ve cómo se le incluye en el paquete, dan ganas de pegar una patada y decir “no me definís, o sea que olvidadme, no existo”. A muchos les parecerá una simpleza pero es que yo no entiendo por qué la gente es envidiosa, cotilla y malsana.

En estos 17 años todo ha cambiado mucho. La industria del disco se ha ido al garete, la del cine se tambalea y, ya se sabe, cuando las barbas de tu vecino veas cortar… ¿El libro electrónico va a tumbar al de papel?
Sí y no. No lo tumbará, pero es posible que con el tiempo el libro en papel se convierta en una delicatessen. Lo que ocurre es que somos tantos los que adoramos el papel, tantos, que es posible que la lucha no la perdamos tan pronto como se sospecha. En todo caso el día que desaparezca del todo posiblemente tú y yo no estaremos vivos. Puede ocurrir, pero aún queda mucho si los fetichistas, que somos legión en este pequeño mundo de lectores, luchamos por ello. La parte negativa es que podría encarecer el producto. Aunque si las editoriales piensan forrarse con libros electrónicos creo que van apañados. La gente conoce el coste más barato del e-book y no está dispuesta a ser engañada. Pero tener en tus manos un libro, con esa portada diseñada especialmente para él, la sobrecubierta –si la tiene- a veces satinada, otras con bonitos relieves, el ruido y la brisa que provocan el pasar sus páginas, la historia que contiene dentro y que te resume la contraportada que acaricias con tus dedos, la admiración que te produce verlo en la estantería una vez lo has leído o el ansia por leerlo cuando aún no le ha tocado el turno… Todo eso un libro electrónico no puede hacerlo, no tiene esa capacidad. Es excesivamente virtual, no está a la vista en tus estanterías, y eso es casi como si no existiera a menos que te pases el día abriendo un archivo de lecturas en tu móvil, tu lector o tu tableta (si la tienes). Esto nos pasa, al menos, a quienes tenemos bibliotecas personales llenas de libros.

Según los salvaguardas de la piratería, los músicos iban a ‘forrarse’ dando conciertos aunque no sacaran nada de los discos, ¿los escritores cómo van a ‘forrarse’ ahora que su material es también pirateable?
El día que les pidamos a todos los autores que escriban sólo aquello que da dinero y se acabe el mundo de las musas, habremos vuelto al mundo del folletín donde se pagaba al autor una miseria por escribir capítulos para el diario y que el pueblo lo disfrutara aunque el escritor fuera infeliz. Pero no nos engañemos, ya hay un mercado donde se vende aquello que da dinero, lo que no entiendo es cómo es posible que se venda.

¿Como qué?
Me refiero, especialmente, a los libros de autoayuda, que no sólo son clones unos de otros (con muy pocas excepciones), sino que hoy día los escribe cualquiera y encima hay más de los que puede soportarla industria. Yotambién podría hacerlo, y tú, sólo hace falta poner algo de sensatez y dar pautas. Casi siempre es un timo. Un amigo puede hacer el mismo efecto. Pero no acaba la cosa aquí, es que ahora son los famosos los que también lo hacen, invisibilizando a otros que quizás aporten ideas más novedosas… aunque permíteme que siga dudándolo.

Las novelitas porno también andan pujantes. ¡Quién lo iba a decir!
Claro, ahora mismo tenemos dos de esos mercados: autoayuda y erotismo. En autoayuda ponen a caras famosas –especialmente de las que salen en televisión- para que el libro se venda más, y en erotismo parece que están escribiendo algunos escondiéndose bajo un pseudónimo, como si aquello denigrara sus carreras, luego lo hacen por dinero. No sé, quizás sean prejuicios pero yo no leo ni lo uno ni lo otro.

Pero, dejando a un lado a los mercenarios, ¿hay alternativas económicas para los escritores legítimos que no sea la venta de su producto, su libro? ¿Lecturas a domicilio, quizá?
¿Lecturas a domicilio? Pues casi preferiría eso, pero me temo que es una forma muy negativa de ver el futuro del libro. Si es por mí, que reine la visión positiva. Ya sabes, si el escritor no existiera, habría que inventarlo. Pues ni falta que hace, ya tenemos escritores. Mimemos la industria los lectores, y que las empresas (editoriales, distribuidoras, etc…) no se pasen con los precios. Y recuerda: a veces menos es más. Esto sí deberían planteárselo las editoriales. Posiblemente su futuro económico esté escondido en esa frase. 

Hablemos del noble ejercicio de la crítica. Hay quien piensa que un crítico es sólo un ‘opinador’ más…
Si hablamos de literatura, ni de lejos. Un crítico literario, por ejemplo, tiene estudios muy concretos: después de una carrera se habrá especializado en la crítica literaria. Lo que pasa es que hay gente como yo, que sólo es lectora, y se presenta al mundo como crítico literario. ¿Que hago críticas y análisis de los libros? Es cierto, pero siguen existiendo diferencias notables. Si hemos de ser honestos, un verdadero crítico literario de oficio puede ser el azote de un autor que todavía tiene carencias o ha bajado la guardia, y lo hará con argumentos de peso, seguramente indiscutibles, mientras que el lector –el opinador, como yo- da una valoración personal y lo más profesional posible si sabe que debe llegar a mucha gente, pero con maletas de libros leídos a sus espaldas. Cuando tienes un espíritu crítico nacido del conocimiento y cientos o miles de lecturas, quizás no es tan extraño que te llamen crítico literario, porque de hecho has hecho tu propia carrera y si tienes ese talento no te diferencias en exceso del profesional, pero la diferencia entre uno y otro muchas veces es la cercanía: al crítico literario no hay que quitarle ningún mérito, pero yo he llegado a aburrirme leyendo o escuchando a alguno porque en realidad no me cuentan lo que, como lectora, quiero saber del libro, mientras que lectores con una larga lista de libros leídos me han ayudado rápidamente a saber si quiero leer ese libro o no. Es cierto que existen algunos lectores que van, por sistema, de azotes de autores, pero son pura fachada o mala leche. Yo a esos no les hago ningún caso, me parecen bastante maleducados (y mediocres, si no son capaces de decir lo mismo con otras palabras). Y también existen críticos literarios profesionales ante los que quitarse el sombrero que hacen de su oficio también un arte.

En cualquier caso, en su larga travesía por el ‘mundillo’, se habrá topado con críticas de esas que son más bien una venganza… Las que cruzan la frontera entre la reseña y el ensañamiento. ¿Eso tiene alguna utilidad?
Aquí te puedo dar una respuesta bastante amplia y tocar varios puntos…

Adelante, por favor…
Lo sé generalmente cuando me lo cuentan, y además he visto también un caso muy particular: ¿Que si tenía utilidad? Sí, el susodicho consiguió “visitas” a su blog. Fuera de eso, ninguna. La editorial es tonta si cree que por ser un bestia soltando burradas como “el libro sólo sirve para que la mesa no cojee”, es mejor crítico. Con doce años puedes decirlo, aún te queda mucho por aprender, pero con veinticinco o treinta más bien habla mal del lector. Es un error respetar más a un maleducado por creer que eso es ser honesto. La educación debería ser un valor. ¿Qué necesidad hay de ser desagradable? Nosotros también hemos publicado muchas reseñas negativas, y sólo en una ocasión muy concreta le pedí al reseñador que la próxima vez fuera más amable. Y he dicho “próxima vez”, o sea que publiqué su reseña tal cual, respetando su texto. Su reseña fue de ese tipo que he comentado antes, puro ensañamiento, pero en este caso puedo asegurarte que no tenía nada de personal porque el escritor era extranjero y desconocido. Siguió reseñando y diciendo lo mismo cuando, bajo su opinión, hubo que hacerlo, pero ya fue con mucha más educación y tacto, y lo que sí puedo decirte es que no censuro las opiniones personales pero, desde entonces, si veo algo del estilo les pido más educación.

Está el caso opuesto, quienes parecen recibir 25 obras maestras a la semana en forma de libros o discos…
Ojo, también les he dicho a los que parecen muy blandos y cualquiera diría que sólo leen joyas literarias (algo poco creíble porque conozco sus listas de libros), que sean más objetivos, que no me creía tanta maravilla junta; me hacía sospechar una falta de criterio que sabía incierta, pero sabía también que lo hacían por exceso de generosidad, y esto tampoco es. Al lector no hay que mentirle. Otra cosa es que nos equivoquemos o no coincidamos en cómo ver un libro, pero mentir a conciencia tampoco. Los lectores de reseñas no son tontos, saben cuándo les estás diciendo que el libro vale la pena o que tiene un problema que quizás te eche para atrás. Pero basta con informar, porque ese problema puede ser, por el contrario, un aliciente para otro.

Y no podemos olvidarnos del avispero supremo: los comentarios en las webs…
Creo, en realidad, que esto se ve más en sitios tipo Amazon u otros portales donde el enemigo (y muchas veces son autores pocos conocidos) entra con nick falso a malmeter sobre una obra sólo porque le cae mal el escritor o quiere que fracase su obra para que la propia vaya en alza, o por pura envidia. Pero vamos, si a ti te parece que eso es ser digno…

No, digno, digno, no me parece…
Ellos se reconocerán si leen esto así que: queridos, os retratáis a vosotros mismos.

No es necesario que le diga precisamente a usted que hoy en día cualquiera edita su libro. No sé si la gente lee, pero desde luego se publica muchísimo material. ¿Tendremos algún día entre manos el debut literario de Anika Lillo? ¿No le pica el ego? ¡La inmortalidad!
(Rompe en una carcajada) Tengo relatos y algún trabajillo publicado, no sólo online, también en papel o en ebook, pero a decir verdad era de pequeña cuando decía que de mayor sería escritora. Es más, ya de pequeña decía que “era” escritora. Ahora ya puedo decir que he escrito mucho, que se me han borrado novelas enteras, y hasta me han robado algunas que escribí en su día a máquina y de las que no tenía copia. ¿Que me muero por que me publiquen? Pues no, la verdad, he superado esa fase. Si algún día veo un libro mío publicado seré extremadamente feliz, pero no lo estoy buscando. Hace un tiempo escribí una novela corta en dieciocho días, me dieron una valoración para decirme en qué podía mejorar, y aún no la he tocado.

Es cabezona…
No es eso, es que a mí me motivan más las cosas que ya están cerradas. Si me dicen “eh, acábala y te la publico”, fijo que la cojo y la dejo niqueladita, pero me da una pereza tremenda trabajar en ella sin una meta concreta. Lo de trabajar con plazos y contrato saca lo mejor de mí, me motiva muchísimo. Y te confesaré que quienes leen cosas mías me animan muchísimo porque creen que lo hago bien, pero cuando escucho lo que tienen que hacer la mayoría de autores para promocionarse –entre otras cosas viajes- se me van las ganas. ¿Inmortalidad? ¿Ego? Uff, qué pereza. ¿Si te digo que me gustaría ser inmortal para mi familia y amigos y que con eso me conformo me creerás?

Puede…
Al final, lo que importa, no es lo que nos han vendido y la mayoría cree. Además, no me cansaré de decirlo: los grandes escritores que me han dejado una grandísima impresión, son humildes y cercanos. También tienen muy superado lo del ego, y ellos sí ganan dinero con sus libros. Los que no lo han superado simplemente no han aprendido nada de esta vida.

Me consta que tiene usted la cantera en casa. De sus tres hijos, por lo menos las dos pequeñas son lectoras voraces. ¿Cuál es el secreto para que un niño de 2014 deje a un lado la XBOX, el iPad, el plasma, y coja un libro?
Que no tenga esos cachivaches, o al menos no todos. El que ahora tiene dieciséis años también leía mucho, pero su problema es que si coge un libro no lo deja hasta que lo acaba, y eso le para mucho porque ya tiene sus propias lecturas del instituto y, por supuesto, maquinita –que se compró él- y ordenador. Y las pequeñas no tienen maquinita, ni Xbox, ni iPad ni nada de nada: tienen un ordenador y muchos libros. Mientras la mayoría de padres compraban a sus hijos maquinitas, yo lo evitaba. Lo único que siempre han tenido es ordenador porque en casa trabajamos con ellos y los manejan con mucha soltura. Ni siquiera yo tengo lector o tablet, como mucho un móvil nuevo.

Bueno, pero debe haber otros incentivos. Sea con una Playstation o unas canicas, al niño no le es difícil entretenerse…
Que lean es relativamente fácil, basta con que hayas leído con ellos desde chiquitines, que les acompañes en las lecturas, que les animes a leerte cuando ya saben leer, que te cuenten lo que han leído, que les eches piropos, que te sientes a leer y les animes a sentarse contigo (y apagar la tele es esencial), y cuando se cansen, que les des la enhorabuena por las páginas leídas y tengas una “cita” para mañana volver a estar juntos leyendo, que les incites a leer antes de dormir como hace su “mamá”. Eso en mi caso. Son pequeños detalles que animan a la lectura. Pero ojo, igual que yo detesto las matemáticas, hay niños que detestan la lectura, sin embargo eso es porque existe un problema de interés y comprensión. Tampoco hay que tomárselo muy en cuenta, pero el conseguir que un niño lea no se hace de la noche a la mañana a menos que aciertes con el primer libro que le compres.

Por cierto, ¿recuerda cuál fue el primer libro que leyó?
Después de los tebeos, libro propiamente dicho… qué va, debía ser muy joven. Lo más que alcanzo a recordar son libros de Enid Blyton y una enciclopedia Larousse infantil que tenía en la estantería de mi cama plegable y cogía muy, muy a menudo. Y leía unas láminas ilustradas internas de libros de terror gótico que resumían en una frase o dos algún hecho espeluznante que me provocaba miedo y risas nerviosas a la vez, igual que me empapaba de los tomos de “Lo inexplicado” que tenía mi madre en el salón. Pero lo que más leí sin lugar a dudas en aquella época infantil fueron tebeos y más tebeos. Me encerraba con ellos en el cuarto de baño cuando había que poner la mesa y los leía y releía una y otra vez. A pesar de ser una pila impresionante, me los sabía casi de memoria.

No. No voy a ser tan original como para preguntarle cuál ha sido el último. Me conformo con que me describa esa imagen que siempre le acompaña, pero que no ha visto en ningún sitio, sólo la leyó…
Pues tampoco voy a ser poco original en la respuesta, porque curiosamente esa imagen que nunca se fue de mi cabeza, que permanece ahí y vuelve muchas veces, y no ha existido siquiera en ningún libro que haya leído, la imaginé para escribirla yo misma en una novela. Claro que eso me hace acabar diciéndote que no puedo contártela. Espero que me disculpes. Quién sabe si algún día la utilizo…

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