El-Señor-Juan-CavestanyEsta rareza de Juan Cavestany es anómala ya desde su metraje; demasiado corta para ser un largo, demasiado larga para ser un corto. El Señor es un híbrido con hechuras demasiado amateur –al menos en apariencia- como para siquiera soñar con los circuitos comerciales, pero demasiado inquietante y distópica para ser tomada por el mero divertimento de su autor. La película de Cavestany no es ninguna broma; deja tras de sí un reguero de preguntas sin responder que tendremos que respondernos despertando a bofetadas a ese animal hibernado que se llama imaginación.

No extraña que algunos conecten  el imaginario de Cavestany con el de su compañero de armas Carlos Vermut. Son tal para cual, ambos rezuman influencias del Lynch primerizo, y es te ‘señor’ gris y encerrado en una rutina catatónica, que gusta de celebrar sus cumpleaños rodeado de muñecos de playmóbil habría encajado como un guante en la no menos bizarra Diamond Flash, de Vermut. Si el objetivo de estos dos enfant terribles es estrujarnos la mollera o, directamente, dejarnos a todos turulatos  habría que preguntárselo a ellos. Aunque mucho más interesante que eso sería conocer los vericuetos creativos que han traído a Juan Cavestany desde Las aventuras de Borjamari y Pocholo hasta aquí. En cualquier caso, ¡que vivan los raritos! Para la mediocridad y el pensamiento único ya están los periódicos.

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