Tipos-legalesSi una película se abre con la chulesca estampa de Al Pacino saliendo de la cárcel, sin duda es una buena noticia. Si quien le espera a las puertas del presidio no es otro que Christopher Walken, uno no puede por más que frotarse las manos y prepararse para disfrutar del viaje… Pero, ¡oh!… Si el director que los ha logrado reunir, en este caso el también actor Fisher Stevens, no tiene claro si lo que quiere rodar es una comedia negra sobre el reencuentro de dos golfos después de 30 años, o una cinta de acción donde un par de viejas glorias del hampa afrontan una última noche de crimen y excesos, o, tal vez, un drama que narre el crepúsculo inevitable de los ‘goodfellas’ que en otros tiempos dominaron el cotarro; si el propio director, decía, no ha sabido si quería ser Tarantino o Peckinpah, entonces es lógico que el resultado sea esta Tipos legales, de ritmo torpe y agradecidos ten con ten entre Pacino y Walken que en las manos de un buen hacedor de diálogos habrían dejado para la posteridad pequeñas joyas de la verborrea callejera dignas del Señor Marrón. Pero la realidad es que lo de Stevens parecen descartes del amigo Quentin.

Una auténtica pena y una oportunidad de oro desperdiciada. Walken y Pacino han hecho muchas tonterías en la pasada década, pero este proyecto podría haber supuesto una agradable sorpresa a estas alturas de las carreras de ambos, cuando ya casi nadie espera casi nada de unas vacas sagradas movidas por la inercia de sus gigantescas sombras. Para los coleccionistas de efemérides Tipos legales quedará como aquella película en la que ambos se vieron las caras en pantalla por primera vez. Nada más.

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