Un-amor-entre-dos-mundosImaginar un mundo dislocado al estilo de Origen y poner casi tantos medios y talento a su servicio para hacerlo realidad; contar con grandísimos actores como la siempre soberbia y magnética Kirsten Dunst o el camaleón Timothy Spall; pergeñar un prometedor argumento a medio camino entre 1984 y Philip K. Dick con evidentes y certeras referencias a la segregación social de hoy, de ayer y de siempre… y todo ello para que el leit motiv de tu película sea una idílica historia de amor rematada a lo Disney. Es algo que se ve venir desde los primeros fotogramas de Un amor entre dos mundos –aunque esa traslación del título original, Upside Down, nos haga ser pesimistas­ pero uno espera que la razón se imponga y que la brillantez más que demostrada de Juan Solanas le lleve a marcar la diferencia.

El amor mueve al mundo, de acuerdo, y eo cine hecho por y para humanos debe tratar con y de emociones y sentimientos. Nadie lo duda. Ya que 1984 ha salido a colación, ¿podríamos concluir que la obra maestra de George Orwell habla de amor? ¡Por supuesto! Por amor Winston Smith se juega el pellejo y se decide a luchar contra el sistema desde dentro, pero son esos pasajes de intriga y riesgo que se derivan del  nuevo estado de conciencia del protagonista los que Orwell sublima y los que, en última instancia  atrapan sin remedio al lector. Los besos, los arrumacos, el romanticismo, los violines… se dan por entendidos. Sin embargo, por lo que parece, si de Solanas hubiera dependido, todo eso del Gran Hermano, Eurasia o el Ministerio de la Verdad habría sido mero accesorio para una relectura en clave de ciencia ficción de cualquier imitación barata de Jane Austen.

Nos quedan los incisivos disidentes de la Dunst, un ritmo aceptabke y, por encima de todo, un mundo de fantasía retro-futurista reproducido sin reparar en gastos ni imaginación. No es poco, pero resulta una lástima que el realizador argentino no se diera cuenta a tiempo –o no quisiera darse cuenta- del tremendo potencial que estaba desperdiciando. Hay mucho material memorable en Un amor entre dos mundos. Casi todo, excepto la película en sí.

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