Hasta-la-vistaA uno le entra complejo de Mr. Scrooge por no deshacerse en elogios con películas como ‘Hasta la vista’; al fin y al cabo, ¿qué podría haber de negativo en la historia de tres discapacitados que deciden ponerse el mundo por montera y viajar solos a España para irse de picos pardos? ¡Es entrañable! Y Geoffrey Enthoven se encarga de contarnos que los ciegos o los paraplégicos también tienen sentimientos, que también ríen y lloran y se les rompe el corazón. Por si alguien no lo sabía. Por si en nuestras podridas mentes de ciudadanos mecánicamente perfectos obviáramos que ellos son de carne y hueso.

Condescendencia, esa es la palabra. Enthoven no se permite ni la más mínima incorrección, cuando lo cierto es que sus personajes piden a gritos ser incorrectos. ¿Qué le queda a alguien paralizado de cuello para abajo sino el derecho a cagarse en todo? Pero en el mundo de la discapacidad según Enthoven y sus guionistas apenas existen los malos sentimientos, ni la depresión o la desesperación, y si existen se superan con un chasquido de dedos o con la mirada cómplice del que está aún más jodido que tú.

Afortunadamente, para no quedar como un demonio desalmado, la cartelera ha tenido a bien regalarnos estos días una cinta que lidia con las taras físicas que va disparada a alojarse entre lo mejor de la década: ‘De óxido y huesos’. Donde también se folla –y mucho- por cierto, pero con un poco más de realismo y u poco menos del axioma favorito de ‘Hasta la vista’: soy discapacitado, ergo un santo varón. Pero servidor, para moquear, sigue prefiriendo ‘Bambi’ o ‘Los puentes de Madison’.

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