El-doble-del-diabloComo buen mercenario y consumado fabricante de blockbusters de alto presupuesto, el perro viejo Lee Tamahori (‘Mulholland Falls’) le imprime el ritmo adecuado y aceptables dosis de tensión a la historia de Latif Yahia, el doble de Uday Hussein, a la sazón hijo del, en tiempos, enemigo íntimo de los Bush. Así pues, no es de esperar que ‘El Doble del Diablo’ perfile un retrato a fondo de ninguno de los protagonistas y sí una sublimación de las barrabasadas del que al fin y a la postre acapara toda la atención: el infame Uday. Hay toneladas de sensacionalismo en el modo en que Tamahori captura la esencia de semejante psicópata en sus criminales rutinas, casi todas relacionadas con el sexo o un ejercicio de la autoridad que hace pasar a su progenitor por un líder responsable. Y aunque no hay nada aquí que no se corresponda con la realidad, con según qué personalidades la línea entre semblanza y parodia es extremadamente fina y sensible. Es la misma línea que cruzaba una y otra vez el Pacino de ‘Scarface’, pero con una salvedad: Tony Montana no era real. Uday Hussein sí que existió, por desgracia para los que se cruzaron en su camino, y con toda seguridad el original fue mucho más terrorífico que este payaso desquiciado y bipolar que Dominic Cooper encarna.

Pero no es culpa del actor inglés si ‘El doble del diablo’ es más excesiva que rigurosa, ya que Cooper se desdobla con entrega y resulta soberbio en sendos roles, el del resignado doble y su titiritero. Las carencias en este caso son de fondo, no de forma. El cine de entretenimiento “con conciencia” gana la partida y lo histórico, lo biográfico, la pierde por K.O. Después de todo, Irak también puede ser Hollywood.

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