Partir-Cartel.inddEntre Kristin Scott Thomas –qué tremenda actriz- y la directora Catherine Corsini han facturado la radiografía perfecta de la mujer que lo deja todo, su estatus económico y social, su matrimonio y sus hijos, por uno de esos cuelgues amorosos que inflingen a los ‘afectados’ tanta pasión como dolor. Corsini abre su película con el rostro desencajado de Scott Thomas; acostada junto a quien, entendemos, es su marido, no concilia el sueño y se levanta de la cama. Fundido en negro. El sonido de un disparo nos traslada seis meses atrás, cuando esta Suzanne era (aún) una mujer felizmente casada, disfrutando de la placidez de su atalaya burguesa y con una perpetua sonrisa de satisfacción.

Podría Corsini haberse decantado por un personaje mucho más tópico, más fácil de digerir, podría habernos mostrado a la arquetípica esposa florero que, llevada por la crisis de madurez o el mero aburrimiento, busca la sal de la vida en los brazos de otro, sin embargo, y he ahí el potencial de “Partir”, eso supondría minusvalorar la historia de amor, convertirla en poco menos que una alternativa picante al tedio cotidiano. No es lo que Corsini pretende. Porque el amor o el apasionamiento que aquí se muestra sólo tiene parangón en el terreno de las adicciones: Suzanne se deja tentar poco a poco por su amante (Sergi López) hasta que entiende, descubre, que no hay marcha atrás, no hay ‘desenganche’ posible, caiga quien caiga; y es mucho lo que ‘cae’ cuando su marido, un médico bien relacionado, trata de sanar su orgullo herido boicoteando la nueva vida de su mujer. Para él no se trata de amor, fidelidad o añoranza, tan sólo de recuperar una pieza ‘robada’ de su museo del matrimonio perfecto.

No se ha de esperar de “Partir” ningún melodrama romanticón a la americana, ni siquiera un cuento moral. Es obvio que durante toda la cinta se tiene presente ese disparo del comienzo y se aguarda con interés la explicación final; no obstante, lo meritorio del guión de Corsini es que “Partir” funcionaría exactamente igual sin ese ‘anzuelo’. No importa tanto el destino del personaje de Scott Thomas como su transformación, sus decisiones, esas que tal vez sean encajadas como absurdas o exageradas por quienes no conciban o no hayan sufrido en sus carnes el tipo de ofuscación emocional que la cinta plantea, que nace de la química sexual pero, sobre todo y por encima de todo, de colocarse a cierta edad en el epicentro de semejante terremoto sentimental. Lo que Suzanne pensaba que era amor, lo que tenía con su elegante y altivo esposo, no es más que una agradable y cómoda convivencia al lado de lo que se le viene encima en forma de albañil catalán.

Scott Thomas pone el alma, López el músculo y Corsini se limita a no estorbar demasiado con circunloquios ni florituras. Su manera de filmar, directa y austera coopera no sólo a otorgarle a “Partir” su montante de realidad sino a alejarla de los pastiches que otros suelen perpetrar tirando de relatos similares. No es un trabajo de genios, sino una cuestión de enfoque. Pero, ¡ay! ¡cuántos son los que antes o después acaban dejándose la perspectiva por el camino!.

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