TokyoSonata_OneSheet.FIN (Page 1)La humillación de un hombre, japonés medio, al perder su trabajo centra la cinta de Kiyoshi Kurosawa –nada que ver con Akira, que sepamos-, cuyos tentáculos argumentales alcanzan también a la mujer del protagonista, en plena crisis de madurez, y a los hijos de ambos, extraterrestres a los ojos de sus padres, y viceversa.

Si aquellos parados de “Los lunes al sol” merodeaban ociosos por la ciudad, de ferry en ferry, de tasca en tasca, el personaje que encarna Teruyuki Kagawa representa a la perfección la ética del trabajo en Japón; el pavor de ese ex-ejecutivo a sentirse desplazado como el patriarca, como el que pone la comida en el plato, le lleva a fingir que aún conserva su trabajo, que aún debe levantarse cada día para acudir a su despacho, panorama que Kurosawa muestra con vocación de voyeur, escondiendo su cámara, ejecutando encuadres imposibles, como quien observa la realidad sin haber sido invitado. A pesar de esos tres frentes abiertos, padre, madre e hijos, Kurosawa mantiene el equilibrio narrativo, no se disipa, y el generoso metraje de “Tokyo Sonata”, antes que interpretarse como una invitación al bostezo, se antoja necesario en este viaje siempre agridulce, por momentos desgarrado, al drama cualquiera de una familia cualquiera que, tal vez, para los habitantes del país del Sol Naciente tenga un carácter del todo realista, pero que a este lado del mundo resulta absolutamente marciano en lo tocante usos, costumbres y actitudes. Un bonus extra de rarezas para los espectadores occidentales, en cualquier caso, que sumar al buen hacer general de Kiyoshi Kurosawa y sus actores.

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