La-caja-de-PandoraPocas pegas se le pueden poner a la que fuese Concha de Oro en San Sebastián en 2008. “La Caja de Pandora” supone una mirada certera a la enfermedad de Alzheimer, tanto desde el punto de vista de los que la padecen, los que pierden la memoria, como de las ‘víctimas colaterales’: familia y alrededores. Así, Yesim Ustaoglu nos presenta a una anciana, encarnada con abrumadora minuciosidad por Tsilla Chelton –otra más que merecida Concha de Oro-, en un avanzado estadío del penoso síndrome, y a dos de sus hijas, enfrascadas en vidas grises, con la palabra ‘crisis’ escrita en el rostro. En ese sentido el enfoque de “La caja de Pandora” resulta radicalmente opuesto a esa especie de tránsito calmo, pacífico, hacia la pérdida del ser que fue “Lejos de ella”, de Sarah Polley. Si en la cinta de Polley todo tenía un halo agradable, incluso idílico, donde hasta la propia enferma, Julie Christie, era una mujer bella y seductora, Ustaoglu presenta el lado más oscuro del Alzheimer, aunque quizá también el más habitual y realista: decrepitud, pañales para viejos, sentimientos encontrados (entre la culpa y el engorro) en los familiares…

Sin menospreciar el trabajo de Polley, la directora turca le gana por varios cuerpos de distancia si de lo que se trata es de reflejar la realidad; una realidad que ni siquiera implica un dramatismo exacerbado, porque en “La caja…” hay hueco, como en la vida misma, para la sonrisa y la ternura. Ustaoglu, simplemente, opta por el más universal de los escenarios y ése, obviamente, no es siempre un trago dulce. Humanista, tal vez. Comprensiva ante los comportamientos de esas hijas superadas por el estado mental de su madre, pero nunca condescendiente ni demagógica de cara a la bancada.

“La caja de Pandora” y su directora, no obstante, le deben la vida a Tsilla Chelton y su asombrosa capacidad para desgranar los mil y un matices, las mil y una miradas del enfermo de Alzheimer: buscando algo sin saber qué, caminando sin saber hacia dónde, siempre asustada… Viviendo, mucho después incluso de haber olvidado lo que significa ‘vivir’.

Anuncios