Dawson-Isla-10En septiembre de 1973, cuando Allende fue tumbado en flagrante golpe de estado por parte de la dupla Pinochet-EEUU, la cúpula de su gobierno, ministros, secretarios de estado, los pocos altos mandos del ejército que se mantenían leales al presidente depuesto, fueron enviados a la Isla de Dawson, en el extremo más meridional de Chile, a una suerte de campamento de prisioneros improvisado, en condiciones penosas, soportando el gélido clima austral.

A esos días, a esas gentes y a ese lugar se acerca la cámara del siempre reivindicativo Miguel Littin para dejar constancia fílmica de la infamia, sin ánimo revanchista, ni panegíricos a Allende –Littin introduce incluso algunos ‘hombres buenos’ entre los guardas de Dawson- en una película/testimonio donde pesan más las imágenes, los rostros del miedo y la impotencia, que las propias palabras. No comete Littin el error, habitual en estas lides, de caricaturizar en exceso la faz más terrible de los captores, los asesinos, y es al humanizarlos y mostrarlos con un perfil realista cuando su retrato se torna más punzante si cabe: no se trata de monstruos ni demonios, sólo seres humanos sometiendo a otros seres humanos con frialdad y alevosía. “Dawson Isla 10”, en sus paisajes teñidos de gris perenne, blanqueados de cuando en cuando por la nieve, arroja a la psique del espectador la esencia misma de la desesperanza y, al mismo tiempo, constata que hasta en las coyunturas más ignominiosas los hombres siguen adelante, acaso por mero orgullo.

Esos otros campos de concentración de los que nadie parece acordarse quedan meridianamente fotografiados para la posteridad por el realizador chileno, para que ni unos ni otros cometan la torpeza de olvidar.

Anuncios