Napoleón-y-yoSi le quitamos a “El cartero” su emotividad y casi todo su sentido del humor y sustituimos a Neruda por un Napoleón Bonaparte exiliado en la isla de Elba, el resultado podría parecerse a esta voluntariosa, aunque fallida, “Napoleón y Yo”Paolo Virzi adapta la novela“N” de Ernesto Ferrero, relato del encuentro entre el infame invasor francés y un joven profesor que sueña con matarle. Esos bis a bis imperiales son el epicentro de “Napoleón y yo”, encuentros en los que un Napoleón de vuelta de todo anda de aquí para allá ladrando (lo que cree él que son) máximas para la historia. Paralelamente, se desarrolla en tono de farsa -el tono general de la cinta, de hecho- los amoríos del maestro con una damisela local y su relación con una familia de los más sui generis. Todo muy a la italiana, con mucho grito y mucho escándalo, pero sin demasiada agudeza.

La cinta de Virzi hace gala de una portentosa escenografía y cuenta con el trabajo siempre estelar deDaniel Auteuil en el papel de Bonaparte. También es de destacar la presencia de Monica Bellucci en un rol cómico al que nos tiene poco acostumbrados. Sin embargo, no logra Virzi completar una comedia destacable ni aporta demasiado en lo que respecta a la figura de Napoleón. Al final del camino ni siquiera queda claro si se pretendía redimir de alguna manera al ex-emperador, humanizarlo, o arrastrarle por el fango.

Una lástima, porque el esfuerzo de Auteuil de veras merecía un fondo más consistente.

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