Mein-FührerSetenta años después de que Chaplin facturase la mejor y más genial sátira de Hitler hasta la fecha, realizada además con el Führer aún vivito y coleando, Dani Levy decide seguir sus pasos sin pararse a pensar en algo fundamental: no tiene, ni de lejos, el talento del inmortal cómico inglés. Porque no se trata de que no sea de recibo ridiculizar hoy en día a Hitler, eso siempre puede dar juego; Levy no sólo hace gala de una nula originalidad sino que, además, una vez metido de lleno en supobre argumento las risas (ni siquiera las sonrisas) no acaban de llegar.

El realizador suizo nos traslada hasta los estertores del III Reich, con un Adolf Hitler en horas bajas. Goebbels, Himmler, y el resto de su camarilla, preocupados por la imagen del dictador, contratan a un actor judío, vieja gloria de los escenarios que ahora se pudre en un campo de concentración, para ayudarle en uno de sus discursos. Un judío en la corte de las SS. Poco imaginativo, sí; pero incluso de una premisa como esa puede desarrollarse una mofa aceptable de un personaje tan caricaturizable como Hitler. Nada que ver con lo ofrecido por Levy, que encara una imitación nada afortunada en la que roba algún que otro tick de “El gran dictador” y “Ser o no ser”; ticks que se antojan más que superados fuera de sus envoltorios originales. Para redondear su despropósito, lo sazona todo de andanadas de humor grueso indignas de una producción en la que, por otra parte, no se ha reparado en gastos.

“Mein Führer” le sucede algo similar a la farsa que de los últimos días de Franco perpetró Albert Boadella en “Buen viaje, excelencia”; sencillamente, ciertas bromas llegan medio siglo tarde. Ni la mejor puesta en escena ni el trabajo de actores tan soberbios como el desparecido Ullrich Mühe pueden hacer nada para remediar eso. O tal vez sea que ChaplinLubitsch o, sin irnos tan lejos en el tiempo, Roberto Benigni están a un nivel inalcanzable para Dany Levy, quien, al menos aquí, no ha sido capaz siquiera de contar un par de chistes. Rescatar la infame figura de Hitler para algo tan vacuo no merece en absoluto la pena.

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