Kitty-Daisy-Lewis-2009Exquisita anomalía la de estos tres hermanos de Kentish Town, Londres. Ni pop acaramelado, ni techno para videojuegos, ni siquiera rock moderadamente vintage. KittyDaisy y Lewis Durham practican con todas las consecuencias la música de sus abuelos, quizá (por edad) la de sus bisabuelos. Caiga quien caiga, porque los Durham son, en la medida de lo posible, religiosamente fieles a la manera de grabar de sus ancestros, los artistas que practicaban hace más de medio siglo los palos que ahora estos tres pipiolos se traen entre manos: jump blues, proto rock and roll, r&b… “Kitty, Daisy & Lewis” es una vuelta a lo analógico, a las mesas pseudo caseras de ocho pistas y, por supuesto a los instrumentos no eléctricos. Les basta una armónica revoltosa para marcar el ritmo, un coro de palmas o el trote de un contrabajo. Como única concesión a la era post Chuck Berry, queda alguna guitarra puntual, tan rematadamente arcaica como el resto de sonidos aquí presentes, o el slide hawaiano del que se sirven para recrear deliciosos pasajes sonoros de la cuna del surf.

Kitty, Daisy & Lewis tienen la chispa, tienen la frescura y tienen la inocencia propias de la adolescencia, aunque se fajen en las sonoridades que hicieron bailar a los contemporáneos de Churchill. No revisitan, no adaptan; crean con los mismos moldes queRobert Johnson o Louis Jordan. En este su primer parto discográfico sólo se echa en falta el chispazo de la aguja al rozar el vinilo (cosas de vivir en el siglo XXI), y tal vez una mayor carga de experiencia vital en el fondo de las voces de los tres congéneres (cosas de los dieciocho años. Nada que no vaya a arreglar el paso del tiempo). Y sólo resta un deseo: que nadie intente cambiarles. ¡Esto sí que es música alternativa!