PaisitoCon formas sencillas y a modo de flashback Ana Díez posa su mirada sobre los días del golpe militar del 73 en Uruguay. Díez hace, evidentemente, reprobación pública del fascismo y los “milicos”, pero pone más énfasis si cabe en todos aquellos que, sin demasiadas inquietudes políticas o sociales, hubieron de decantarse por uno u otro bando en liza y aceptar las reglas de juego. En el caso de los protagonistas de “Paisito”esas reglas implican traicionar a amigos o atropellar derechos civiles varios. ‘¿Dónde está tu espíritu revolucionario?’ le inquieren al personaje que interpreta el siempre estupendo Emilio Gutiérrez Caba, un español exiliado, simpatizante de los rebeldes pero conocedor de las malas artes de los golpistas. ‘¡En las cunetas de España!’, responde él con la rabia contenida de quien sabe lo que se le viene encima. Demoledor. Díez transmite de manera soberbia la impotencia de sus personajes, su resignada, amarga sumisión a la “causa”. A pesar de que en “Paisito” buena parte de la historia nos es revelada a través de los ojos de dos niños, el motor de la película es el mundo adulto y sus absurdas rencillas.

Con presencias tan sólidas como las del mencionado Gutiérrez Caba o María Botto, la directora navarra completa un trabajo coherente y objetivo en la medida de lo posible que sólo adolece de cierto desequilibrio al ensamblar los tramos que narran el tiempo presente, algo atropellados y encajados casi de cualquier manera, y las fotografías del pasado, el grueso de la cinta, su espina dorsal en definitiva, que se yerguen, estas sí, rectas como una vela.

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