EmptiesEl checo Jan Sverák se empeña en “Empties” en desdramatizar la tercera edad y la jubilación, entre otras cosas porque, ¿quién dice que esa etapa vital no puede ser también divertida tanto para los que la viven como para nosotros los observadores? Por medio de un personaje deliciosamente delirante, un viejo maestro que, harto de aguantar a mocosos impertinentes, decide cambiar su trabajo por un puesto de reciclador en el supermercado del barrio, Sverák reflexiona, siempre desde el humor, siempre desde el desenfado, sobre temas tan dispares como los impulsos sexuales en los ancianos, su desubicación en la era de los iPhones o la nostalgia de tiempos menos fríos, cuando se cultivaba el contacto entre personas y no entre máquinas.

“Empties” se mueve entre situaciones descacharrantes, incluso absurdas, o los accesos oníricos del protagonista cuando fantasea con alguna clienta de buen ver. Aún así Sverák se las arregla para introducir cuestiones más serias, como el evidente desgaste de la pareja que conforman este Josef Tkaloun (Zdenek Sverák) y su señora esposa. Porque no se busca aquí la risa fácil ni el chascarrillo, y es el devenir de la historia lo que abre espacios para casi todo lo que se le puede pedir a una comedia inteligente. Es el humor que nace de la razón de unos adultos que, tal vez, puedan comportarse eventualmente como críos, pero sólo porque así lo deciden, negándose al destino gris de zapatillas de andar por casa y partidas de dominó en el hogar del jubilado.

“Empties” tiene el valor de su tremendo optimismo, sin caer en lo falaz; de ser alegre sin resultar edulcorada. Fresca, sin que asome la cabeza ni un solo veinteañero inopiado, ni referencias a Youtube. Toda una sorpresa, en definitiva.

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