Flame-y-CitronEl antaño afiliado al movimiento DOGMA, Ole C. Madsen, emplea en su último trabajo unas formas mucho más ortodoxas que las propuestas (o impuestas) por el manifiesto de Von Trier y compañía para seguirles la pista a dos célebres mártires de la resistencia danesa durante la II Guerra Mundial y la invasión nazi.

Aun conteniendo elementos del thriller de espías clásico, “Flame & Citron” acaba por revelarse como un acertado retrato de las personalidades de los mencionados partisanos. Personalidades y actuaciones las suyas repletas de luces y sombras, como ocurre en cualquier conflicto bélico, pero sobre todo marcadas al misto tiempo y con la misma intensidad por unas fuertes convicciones ideológicas y las mil dudas que les generan los actos de naturaleza criminal que han de emplear para minar al enemigo. La total ausencia de demagogia, siempre de agradecer, y el mucho rigor con el que se reproducen los hechos es lo que marca de punta a punta esta cinta de factura sobria que, además, cuenta con la presencia del actor más parco en gestos del cine escandinavo,Mads Mikkelsen, el hombre que nunca sonríe.

Otra vuelta de tuerca, pues, en lo que respecta a celuloide y nazismo, que viene a sumarse a la sobrepoblada estantería de dicho subgénero. Si algo aporta “Flame & Citron” es sin duda la ambigüedad moral de algunos de sus personajes. Según Madsen, ni los nazis eran los monstruos sociópatas que todos creen ni sus opositores figuras beatíficas y sin mácula. Término medio, el mejor punto de vista.

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