Control-2007Anton Corbijn, el fotógrafo favorito de las estrellas de rock más ‘in’, gurú chic y oráculo de los lavados de imagen, se pasa temporalmente a la gran pantalla y acomete la tarea de desglosar el auge y posterior caída de Ian Curtis, el torturado líder de la banda de after-punk Joy Division, apoyándose en la biografía que hace años firmó la viuda de éste, Deborah Curtis. Es por ello, por basarse en el testimonio de alguien que conoció a Curtis en la post-adolescncia, por lo que en “Control”no tenemos noticias del Ian niño, de su familia y su entorno. Y se echa en falta. Porque no hay nada que reprocharle a Corbijn, a su forma exquisita y respetuosa de enfocar “Control”, carente de la autocomplacencia que se podría esperar del fotógrafo de las estrellas. Ha entregado una película pequeña en cierto modo, intimista y reflexiva, que hace una semblanza precisa del personaje protagonista durante los años aquí glosados. No obstante, es inevitable percibir que faltan piezas argumentales vitales en este puzzle rodado en blanco y negro marca de la casa del (ahora) director holandés. Por lodemás, Sam Riley, el actor sobre el que recae la responsabilidad de mutar en Curtis, hace un trabajo soberbio de interiorización, vadeando sutilmente la línea que separa la encarnación de la imitación. A su lado, un seguro a todo riesgo: Samantha Morton. Sobra comentar la imprescindible banda sonora, plagada de las odas a la depresión y la claustrofobia de Joy Division que Corbijn ha sabido enmarcar como el maestro de los claroscuros que es.

Es por todo ello por lo que esta visión del autoinmolado Curtis, aunque incompleta, se torna en referente cinematográfico del grupo de Manchester, y viene a complementar lo ya dicho por Michael Winterbottomen la comedia “24 hour party people”. Dos puntos de vista contrapuestos, pero fundamentales para entender una época y una movida musical influyente como pocas.

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