Un-cuento-de-NavidadLa familia a escena en esta kilométrica cinta del director galo Arnaud Desplechin en la que hijos, sobrinos, nueras, nietos y demás “seres queridos” se reúnen para celebrar la Navidad en torno a una matriarca (Catherine Deneuve) a la que le acaba de ser diagnosticada leucemia. Lo aparentemente simple de la premisa argumental que Desplechin pone sobre la mesa desplegará toda su complejidad cuando comiencen a diseccionarse una por una las personalidades de la concurrencia y unas interrelaciones que basculan entre afectos ocultos y odios patológicos.

A pesar del reparto cuasi coral, a pesar de una narración que salta a placer de la primera a la tercera persona, Desplechin se las arregla para trazar agudísimos retratos humanos de forma que, al final de este trayecto de 2 horas y 20 minutos, el espectador no sólo se habrá hecho una idea muy clara de lo que han sido las vidas de todos los ‘comensales’ hasta el momento, sino también de lo que serán más allá de las fronteras de la película.

Emprender la pequeña gran epopeya de conducir a casi una docena de personajes con peso específico propio y no dejar apenas cabos sueltos es ya de por sí todo un logro, pero ser capaz, además, de captar la atención de la bancada durante 140 minutos apoyándose únicamente en sentimientos y descargas emocionales es, prácticamente, un milagro. Milagro engendrado sin duda a la sombra de otros fastos familiares de cine como “Dublineses” o “Celebración”. Parentela más un buen ojo escrutador = satisfacción garantizada.

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