Joan-Osborne-Little-Wild-OneJoan Osborne vive un momento dulce, probablemente el más dulce de toda su carrera. Nunca le faltaron el talento y la inspiración a la de Kentucky, pero se prodigaba poco y sin embargo ahora, en menos de un lustro, ha sacado a la calle más canciones que en los quince años anteriores. Es posible que necesitara Joan despegarse del todo de su etiqueta de cantante pop de éxito fugaz y, como siempre, eso sólo se consigue con tiempo y olvido. Olvido de los que pusieron sus ojos sobre ella guiados por los dictados de una radiofórmula, porque el resto, los que se rindieron a la cálida voz de la Osborne desde el primer momento y supieron ver en aquel “Relish” de 1995 algo más que una canción de usar y tirar, esos nunca pudieron olvidarse de ella.

Entre 2007 y 2008 Joan editó sus particulares tributos a la música negra (“Breakfast in bed”) y a la escena de Nashville (“Pretty little Strangwer”) y en este 2009, después de pagar pejae en la torre de la canción, que diría Leonard Cohen, vuelve a los terrenos menos encorsetados estilísticamente, más coloristas, de sus comienzos. No extraña encontrar en “Little wild one” temas de pegada radiofónica o guiños a la modernidad con una producción no tan tradicionalista como en sus escarceos country. Joan se ha hecho acompañar en su nueva obra de gran parte del equipo que hizo posible “Relish”, y se nota. “Little Wild One” comienza a golpe de banjo, pero pronto entran en acción guitarras eléctricas o sutiles bases programadas que dan ese halo contemporáneo a los medios tiempos marca de la casa. Las herederas de aquellas “St. Teresa” o “Pensacola” son aquí “Sweeter than the rest”“Little wild one”“Hallelujah in the city”; temas que Joan sabe manejar con la maestría y todo el sentimiento que transmite esa voz suya tan insultantemente versátil, capaz de lanzarse al yodel un momento, para sonar negrísima al segundo siguiente o vestirse de heroína rock más tarde. Ha alcanzado ese estatus en el que todo lo que toca contiene un importante poso de calidad, y eso es terreno acotado para los que juegan en primera división. Porque hay que decirlo más: Joan Osborne es una de las grandes, y el tiempo, sin duda el único exámen que nadie puede falsear, la está colocando en el pedestal que merece. Que siempre ha merecido.