WazNo parece que el mundo necesite más thrillers con psicópata vengativo (y barroquísimo en su modus operandi) de por medio, pero el hasta ahora desconocido Tom Shankland desde luego no opina lo mismo, y allá que se lanza en su debut para la pantalla grande a un canónico ejercicio detectivesco con alguna que otra concesión a la modernidad (el asesino se rige por sus particulares reglas morales, a imagen y semejanza del John Doe de “Seven” o el Jigasw de “Saw”), con una atmósfera oscura y opresiva, desarrollando su historia en infectos escenarios del gueto neoyorquino. Hay algo de film-noir flotando en el ambiente, en la chulesca masculinidad de pitillo en el labio y barba de tres días de Stellan Skarsgaard (“Dogville”), que se contrapone a la (téorica) fragilidad de la bella Melissa George (“30 días de oscuridad”) y, de nuevo, en pos de actualizar mínimamente el género, no faltan las pinceladas neo-gore, aunque Shankland se contiene bastante en el tema casqueril, cosa que los estómagos más débiles siempre agradecen.

Tiene el director inglés a su favor que en su trabajo no hay trampa ni cartón; no vende humo ni grandes giros sorpresa, sólo una intriga de usar y tirar, estructurada con bastante seso. En contra del novato, y remitiéndonos al comienzo de estas líneas, juega el hecho de que conceptos como originalidad, frescura o creatividad no están ni se les espera. A no ser que se considere “original” la componenda homosexual en alguno de los personajes. Convendremos en que eso, a estas alturas, es tan novedoso como el technicolor.

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