Por-fin-viudaDetrás del título que propone la actriz francesa (y directora ocasional) Isabelle Mergault no se esconde una comedia picante del destape, pero casi. Mergault incursiona por segunda vez tras la cámara con un vodevil absolutamente convencional a vueltas con los padecimientos de una viuda alegre a la que amigos y familiares no dejan ser todo lo “alegre” que quisiera. Se suceden enredos, tópicos de mayor o menor graduación y situaciones predecibles sin que los pocos giros cómicos del guión consigan llevar la película más allá de una rutinaria ligereza. El tramo final de la historia, cargado de romance dulzón tampoco es la guinda más apetitosa para los desvelos de esta Ann Marie interpretada con brío por la muy interesante Michèle Laroque. Ella, la actriz, no tanto el personaje, es de lejos lo más destacable, tal vez lo único, de la cinta. Michèle es un monumento a los encantos de la mujer madura dentro del monumento a la escasez de ideas brillantes y a lo manido que es “Por fin viuda”.

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