Una-palabra-tuyaEl último trabajo de González Sinde tras la cámara antes de ser nombrada Ministra de Cultura encierra dentro de sí las claves habituales en su obra (sea como realizadora o como guionista). La estética urbana de extrarradio, personajes de clase obrera y, en general, ambiente coloquial de andar por casa que se ve acentuado al hacer tándem con la inefable Elvira Lindo, autora de la novela de marras y consumada experta en el arte de completar óleos costumbristas de clase media-baja madrileña.

Dos personajes, Rosario y Milagros (las televisivas Malena Alterio Esperanza Pedreño respectivamente), muy diferentes en su enfoque vital. La una, seria y comedida; la otra, una viva la virgen instalada en el carpe diem aunque no tenga ni la menor idea de lo que dicha expresión significa. De sus personalidades contrapuestas, casi antagónicas, parte la cinta para ir profundizando, además de en su intensa amistad, en los lazos que las unen y sus penas pasadas, que son, al fin y a la postre, las que han hecho de ambas personas solitarias que no acaban de encajar en ningún sitio. Como en otros relatos de Lindo, también en “Una palabra tuya” se comienza apelando a un cierto humor castizo (la buena pluma para ese tipo de diálogos es otro de los fuertes de Elvira), a la risa en coyunturas nada cómicas, para ir inclinando la balanza, poco a poco, hacia el drama más austero. Esa transición desde la guasa a las lágrimas la conduce González Sinde con solvencia, con la naturalidad de la que, por otra parte, hacen gala ambas mujeres en liza durante todo el trayecto emocional que la película reconstruye y a lo que colaboran de manera decisiva las dos actrices protagonistas.

La nueva ministra ha dejado los deberes hechos en lo que a su carrera cinematográfica se refiere. Si es capaz de ser la mitad de directa arreglando el asunto cultural de la piel de toro de lo que lo ha sido desde detrás de la cámara transmitiendo emociones, a buen seguro que habrá sido el gran acierto de zetapé. Por ahora todo lo que podemos decir es que hemos perdido sine die a una muy digna directora de cine. Y no vamos muy sobrados de eso por aquí. No tanto como de burócratas, desde luego.

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