La-nieblaNo le va mal a Frank Darabont eso de asociarse con el tenebrosoStephen King. Ya arrasó en taquilla y en la alfombra roja de los Oscars con aquella suerte de fábula moral moderna que era “La milla verde”, y ahora intenta hacer lo propio con la adaptación de“La niebla”. Aunque han cambiado bastante las tornas con respecto a las aventuras carcelarias de San Tom HanksDarabontno pretende esta vez repartir buenos sentimientos; más bien contraer los esfinteres de la bancada con un relato mucho más propio del King conocido por todos. Por ende tampoco es de esperar una gran lluvia de estatuillas doradas, pero sí el taquillazo.

En el fondo de la novela del best-seller de Portland subyace una supuesta reflexión sobre la naturaleza humana, sobre quienes apelan a la religión y al oscurantismo cuando vienen mal dadas; sin embargo, todo eso en la gran pantalla es tan sólo la coartada para encerrar a veinte individuos en un supermercado, rodear el lugar de una espesísima niebla y dejar caer sobre ellos una avalancha de monstruos de todos los tamaños y colores. Monstruos gestados gracias a unos imponentes efectos especiales que son, a la postre, lo que marca la diferencia entre productos como “La niebla” y las (hoy) carcajeables cintas de serie B de hace medio siglo. Porque sí, Darabont demuestra ser un maestro en la tarea que se ha autoimpuesto aquí: es muy capaz de mantener al espectador devorando palomitas a mandíbula batiente mientras capitaliza toda su atención tirando de apenas un escenario, pero, ¿qué sería de una producción como ésta sin todos los millones de dólares invertidos en traer a la vida a las criaturas infernales imaginadas por King? Bueno, dejemos las preguntas estúpidas para mejor ocasión, y disfrutemos de los mil y un clichés del género de terror convenientemente reunidos aquí con la sabia mano entretenedora del tándem DarabontKing.

En cuanto al desenlace de la historia, aún está por determinar si se trata de un alarde de valentía o tan sólo de una broma perversa del que, según sus incondicionales, es el último gran nombre de la literatura de horror. Decidan ustedes…

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