nick-cave-lazarus-aCave firma capitulaciones ante la mujer, ante la oscuridad, ante las drogas y el alcohol; deja atrás los días extraños y la mendicidad sentimental, las baladas asesinas y el lamento como acto religioso y se transforma en un predicador descreído y chuleta. El cinismo se ha instalado en los Bad Seeds, ahora más que nunca y, también ahora más que nunca, Nick y sus drugos suenan a rock and roll bastardo, orgánico, inmediato. Grinderman ha pasado factura a CaveEllis y compañía, en el buen sentido, que son ahora más viejos pero suenan mucho más jóvenes. “Dig, Lazarus, Dig” es, por momentos, una revisión macarra y acelerada de la máquina de huesos de Waits, y con sus “shalala” y sus “doop doop doop”, sabe a cóctel improbable de pop (made in England c. 1965) bronceado de lisergia guitarrera y Hammond perforante.

No hace falta resucitar lo que nunca estuvo muerto; pero, como ese Lázaro al que Nick le grita que se desentierre, los Bad Seedshan renacido (ellos por simple capricho) una vez más. ¿Próxima parada? La respuesta está dentro de la cada vez más lúcida (y despejada) frente de Cave.