backyard-babies-aAunque hace tiempo que DregenNicke y compañía perdieron (o renunciaron a) la garra callejera y la inmediatez de los primeros trabajos de Backyard Babies, no es menos cierto que han ido creciendo como músicos, como compositores, y se han instalado en un cómodo status quo de banda de rock sin etiquetas, capaz de acercarse a cualquiera de los palos que han forjado su sonido a lo largo de los años sin comprometerse del todo con ninguno de ellos. Estos Babies de 2008 pueden balancearse con aparente facilidad entre proyectiles sonoros de calculada potencia («Zoe is a weirdo», el single «Fuck off and die»), tonadas de rock FM a imagen y semejanza de Goo Goo Dolls y similares, o incluso reposados medios tiempos («Saved by the bell») impensables hace diez años, cuando estos cuatro vikingos salieron de las mazmorras suecas para asolar Europa con su punk-rock de alto octanaje, y que ahora se abonan sin demasiados complejos a planteamientos mucho más comerciales, tal vez pensando que ya es hora de que ellos también se lleven un trozo del pastel.

«¡Vendidos! ¡Bellacos!», clamarán algunos. «Renovarse o morir», será la respuesta de los autores de «Total 13», quienes, en cualquier caso, siguen ahí, al pie del cañón, armados de guitarras y textos inconformistas veinte años después de su nacimiento oficial como banda. Sólo ese dato, su longevidad contra viento y marea, ya tiene carácter de hito en un panorama musical tan abonado al usar y tirar como el que nos ha traído el siglo XXI.