RequiemLos asiduos a blockbusters y similares recordarán una película de nombre “El exorcismo de Emily Rose” que las buenas gentes de Hollywood nos quisieron vender hace un par de años como la legítima heredera de “El exorcista” . Aquella cinta contaba la historia de una adolescente con problemas psiquiátricos cuya familia, de raigambre ultracatólica, acababa convenciéndose de que la chica había sido poseída por el mismo demonio. Llevando su fanatismo hasta las últimas consecuencias, Emily fallecía a consecuencia de un intensivo y devastador ritual exorcista. La cosa no pasaba de efectista, con algunos buenos sustos y poco más; pero el caso es que las desventuras de la pobre Emily Rose se inspiraban en un suceso real ocurrido en Alemania en los años 70.Anneliese Michel , una muchacha criada bajo los preceptos de una represiva educación católica, y con síntomas de una epilepsia nunca diagnosticada, perdió la vida tras ser sometida por un par de sacerdotes a un exorcismo.

¿Y a qué viene esa interminable introducción? Sencillo: “Requiem”es una dramatización de los últimos meses en la vida deAnneliese . Ese deterioro progresivo, tanto físico como mental, que dio pie a sus parientes a pensar que, efectivamente, Satanás se había apoderado de su cuerpo.

No surge muy a menudo la oportunidad de comprobar cómo una misma historia puede ser contada desde puntos de vista radicalmente opuestos: el sensacionalista y morboso, con la pantagruélica puesta en escena de los grandes estudios norteamericanos y su máquina de hacer dinero, y, como es el caso de esta “Requiem” , el puramente testimonial y analítico. Que nadie busque en la película de Hans Schmid espuramajos verdes ni lolitas clavándose crucifijos en la entrepierna, porque, como venimos apuntando, “Requiem” se acerca a la tragedia de aquella muchacha de una manera absolutamente seria y respuestosoa; tanto que incluso peca de fría y de distante en algunos momentos.

Quedan avisados, pues, los que se acerquen a esta cinta con la esperanza de incorporar un poco más de horror a sus vidas. Eso tendrá que esperar, ya que en esta historia sólo hay espacio para el drama puro y duro. El que desencadenaron aquellos “hombres de Dios” al extralimitarse peligrosamente en sus funciones, llevados por un oscurantismo propio de la Edad Media.

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