La-torre-de-SusoPara lo bueno y para lo malo Tom Fernández se ha traído a esta “La torre de Suso”, su debut en el largometraje, todos los trucos y los vicios aprendidos como guionista televisivo para series como “7 Vidas”. Se ha traído a Javier Cámara y a Malena Alterio, dos actores estupendos y con muy buena mano para la comedia, pero también ha cargado su mochila el director ovetense con la urgencia del medio hertziano, que parece exigir un gag o una salida chistosa cada cinco segundos (aquí sin risas enlatadas, claro). Tom es un tipo ocurrente y dotado de un olfato especial para el humor sarcástico, para conducir cada escena indefectiblemente hacia la carcajada comedida; pero esta historia de reencuentros, de amigos que retoman viejos apegos, y también viejos rencores, habría resultado mucho más equilibrada si cada personaje no estuviera obligado a cerrar cada diálogo con una gracieta verbal o gestual. Tan evidente es el ansia carcajeadora que, por momentos, los actores casi parecen quedarse esperando el aplauso entusiasta de la bancada tras la ocurrencia de turno.

En “La torre de Suso”, en su fondo, subyace algo más que la mera comedia de situación; contiene una reflexión sincera sobre la camaradería y la lealtad, e incluso sobre el propio paso del tiempo y sus estragos más allá de la alopecia o las arrugas. Podría ser una suerte de “Beautiful girls” a la asturiana que no necesitaba en absoluto de esa comicidad a toda costa de la que su director ha querido vestirla. En cualquier caso, nadie puede obviar que el debut de Fernández en el cine es ameno y agradecido; demostrando que es posible hacer reír sin tirar de chabacanerías ni chascarrillos baratos y con un plantel más que digno. No es poco, si tenemos en cuenta cómo se las pueden llegar a gastar algunos de nuestros jóvenes “talentos”.

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