Import-Export-2007Lo áspero que resulta el visionado de las dos horas largas de metraje de “Import/Export” no responde más que a lo crudo, rozando el documental, del retrato que Ulrich Seidl construye alrededor de ciertas realidades. El director vienés hace un seguimiento de la rutina diaria de una chica ucraniana emigrada a Austria y, paralelamente, la de un joven austriaco, bala perdida vocacional, en viaje de negocios (o de trapicheos) por Eslovaquia y Ucrania. Unos viene y otros van, y Seidl aprovecha la coyuntura para mostrar la otra Europa, la que no se discute en las grandes reuniones del poder ni son pasto de series de televisión.

Trabajos ínfimos, miseria y un futuro gris pálido para los protagonistas, como pálidos y de una frialdad manifiesta son los ambientes que Seidl recrea; algo que, unido a lo explícito de muchas de sus secuencias, redunda en un feísmo nunca disimulado. Cuando lo último que nos muestra una película es la palabra “muerte” balbuceada por una anciana decrépita y senil desde la cama de un hospital, queda del todo claro que el autor no tiene la más mínima intención de suavizarle este mal trago a la bancada.

“Import/Export” es descorazonadora en su temática, arbitraria en apariencia a la hora de saltar entre las dos trayectorias vitales que refleja, y su ritmo es sincopado, extenuante por momentos. Lo de Ulrich Seidl es, por todo ello, un caramelo amargo y duro, muy duro de roer.

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