Conversaciones-con-mi-jardineroChoque de universos y de filosofías vitales en la última del nada pródigo director francés Jean Becker. Un tipo culto y burgués (Daniel Auteuil) vuelve al pueblo en el que se crió huyendo de un amago de crisis de la mediana edad; allí se reencontrará con un viejo amigo de la infancia y compinche de gamberradas varias, ahora convertido en el jardinero local. Las cuitas del personaje deAuteuil, tan urbanita, tan sofisticado, encuentran una cura de simplicidad y sabiduría rural en ese antiguo-nuevo colega que no entiende de las complicaciones de la vida moderna; sólo vive en la certeza de que a un día le sigue otro, si Dios quiere y el sol brilla.

“Conversaciones con mi jardinero” es prototípicamente francesa; charla que te charla, sus protagonistas llegan muy lejos sin casi moverse del sitio. Se habla de lo trivial y de lo trascendente; se trivializa lo trascendental y se barniza con una capa de trascendencia lo cotidiano. El arco iris de emociones no tarda en mostrarse: dolor, risas, frustración, nostalgia… y la amistad como el único patrimonio que merece la pena salvaguardar. Becker traza con inteligencia ese vínculo invisible entre estos dos hombres tan distintos, pero que encajan uno en la vida del otro como la última pieza de un rompecabezas.

Claridad de ideas (y de colores campestres) para tiempos de penumbra. Eso es lo que Jean Becker tiene que ofrecer. No es su cinta la más original ni la más reveladora, pero tampoco lo pretende. Para contar historias sencillas no hace falta nada de eso.

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