JindabyneLa estupenda Laura Linney es el principal reclamo de esta producción australiana que, partiendo de un relato corto del reputado Raymond Carver, desarrolla las historias de los habitantes de un pequeño pueblo perdido en el corazón del continente oceánico. Todos ellos ocultan traumas o secretos en su pasado y el hallazgo de un cadáver en un río cercano caldeará el ambiente hasta provocar, incluso, algún que otro conflicto racial con los aborígenes de la zona.

La Linney es la mejor baza de Ray Lawrence, y no lo decimos por decir. Laura es de esas actrices que, sin hacer demasiado ruido, suelen estar siempre en el lugar adecuado y en el momento oportuno. No tiene el estatus de Nicole Kidman o Cate Blanchett, aunque no será por falta de talento. En “Jindabyne” se explaya a gusto en un rol que conoce bien: mujeres sufridas y sufridoras inmersas en dramas de importante carga emocional.

La cinta de Lawrence es, por lo demás, un producto sobrio en sus formas que se apoya firmemente en la espectacular fotografía de David Williamson, que ha atrapado en el tiempo alguno de los paisajes más arrebatadores de la llanura australiana. El talón de Aquiles de “Jindabyne” tal vez se encuentre en un desarrollo un tanto vago de sus personajes. Sin duda nos quedamos con las ganas de saber algo más de alguno de ellos, empezando por el de la propia Laura Linney. En cualquier caso, la película contiene los suficientes picos de intensidad como para expiar los pequeños pecados veniales de su guión.

Si la pretensión de Lawrence era, como parece evidente, retratar un puñado vidas pequeñas con sus miserias y sus naufragios, su debilidades y sus glorias puntuales, lo consigue, y con nota.

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