El-buen-pastorTrece años ha tardado De Niro en volver a ponerse tras la cámara después de su debut con la racial “Una historia del Bronx” . Trece años que la estrella italoamericana ha dedicado con inusitado empeño a arrastrar por el barro su carrera en producciones infumables con directores que no merecerían ni sacudir el polvo de la chaqueta del, para algunos, actor más brillante de todos los tiempos. Eso sí, Bobby ha vuelto con ganas a esto de la dirección y, quizá con voluntad autoredentora, entrega una cinta de tres horas largas de duración.

“El buen pastor” es una película tremendamente ambiciosa que nos lleva a través de tres décadas por la trayectoria vital de uno de esos tipos oscuros, con gabardina y sombrero de ala ancha, encargados de hacerle el trabajo sucio al presidente de turno de los Estados unidos de América. Espionaje, sobornos, asesinatos, instauración de dictaduras… Asistimos al ascenso de este “hombre de negro” desde sus días como tenaz y arribista estudiante universitario, hasta sus incursiones como agente doble durante la II Guerra Mundial, o su participación directa en los turbios acontecimientos de Bahía de Cochinos (Cuba) en el 61. No debe ser un secreto para casi nadie la existencia de fuerzas en la sombra que, como el protagonista de esta historia, son los que verdaderamente mueven los hilos en el planeta Tierra.

El retrato que De Niro es tan intrigante como intensivo. Disecciona las motivaciones juveniles de ese futuro maestro de las conspiraciones, al mismo tiempo que muestra cómo se va dejando el alma por el camino. No pasa mucho tiempo antes de que la mezcla de paranoia, desconfianza y mendacidad hagan mella en este robot que sirve a la patria con la precisión de un neurocirujano.

El encargado de dar vida al personaje principal de “El buen pastor”es el inefable Matt Damon , un actor que flaquea más por su eterno aspecto de adolescente sanote que por sus dotes interpretativas. Se hace francamente difícil ver en él a un veterano agente de la CIA de 50 años, algo a lo que, sin embargo y mal que nos pese, acabamos por resignarnos dado el amplio período de tiempo que abarca el relato. Cargar con el peso de una producción tan mastodóntica no es sencillo, y lo cierto es que Damon lleva a cabo un soberbio ejercicio de contención y sobriedad. Probablemente gracias a su absoluta falta de carisma y su habitual inexpresividad salga siempre bien parado al interpretar a personajes fríos y analíticos -recordemos “El talento de Mr. Ripley”o la reciente saga del mercenario Bourne-. A su lado, De Nirodistribuye un magnífico elenco de secundarios de lujo, más la explosiva Angelina Jolie . A la Jolie le sucede casi lo contrario que a Matt . Es tal su atractivo y son tan rotundas sus formas que siempre se nos aparece algo impostada cuando, como en es el caso, trata de ocultar su tremendo gancho sexual tras la apariencia de una sumisa ama de casa. Culpa de la madre naturaleza, o de los potentes entes de John Voight y (ex)señora.

Quizá sea pronto para catalogar “El buen pastor” como referente del cine de espías, pero de lo que no cabe ninguna duda es de queDe Niro ha puesto entre los planos de su segunda criatura cinematográfica todo el riesgo y el talento que se empeña en negarnos, de un tiempo a esta parte, en su faceta de actor. Riesgo, sí; porque estamos ante una apuesta decididamente anticomercial en estos tiempos de fast-food y estpetica MTV en la que, para colmo, no deja nada bien parados a los cimientos sobre los que se asienta ese paladín de las libertades llamado USA. Sólo nos resta pedirle a Robert que no deje pasar otra década antes de volver a agarrar la claqueta o que, al menos, no nos fustigue durante ese tiempo interpretando papeles indignos del hombre que dio vida a Jake La Motta.

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