Disparando-a-perrosCon unos mimbres argumentales similares a la más o menos reciente “Hotel Ruanda”, pero dotada de unas cotas de realismo y poder de denuncia mayores que la cinta de Terry George (tal vez ayude que no haya héroes americanos de por medio), “Disparando a perros” vuelve la vista hacia el abril más negro del país centroafricano, el de 1994, que se cerró con un saldo de ochocientos mil tutsis asesinados a manos de sus compatriotas hutus mientras la ONU, la OTAN y demás se lavaban miserablemente las manos. Es ahí, en ese mirar hacia otro lado de los cascos azules desplegados en la zona (que tenían “orden de observar, no te intervenir”, vaya por Dios), donde el film de Caton-Jones hace especial hincapié. La hipocresía de los soldados occidentales frente al decoro de unos pocos (muy pocos) hombres buenos superados por la tragedia, pero manteniéndose al pié del cañón. El estupendo John Hurt es uno de ellos: un sacerdote católico que realmente hace honor a sus creencias y sus ideales, peleando por un imposible.

El horror en esa escuela regentada por Hurt va colmando el vaso de lo inaudito, poco a poco, machetazo a machetazo, y Caton-Jones captura esa escalada de desesperación e impotencia sin el sensacionalismo ni las falsarias machadas de las que sí hacía gala la citada “Hotel Ruanda”. Es la diferencia entre ofrecer un testimonio puro y duro, un testimonio brutal, el de “Disparando a perros”, o decantarse por las ansias de epatar. En un caldo de cultivo como el de aquella Ruanda no parece necesario cargar las tintas en ningún sentido; la fuerza de las atrocidades cometidas habla por sí sola.

Todo lo que muestra “Disparando a perros”, y probablemente se queden muchas ignominias en el alero, se basa en hechos reales. La cinta ha sido rodada incluso en los mismos escenarios en los que se sucedieron los incidentes que relata, y por el staff de la producción desfilan algunos supervivientes de las matanzas. Un pequeño homenaje a los derrotados dentro de este tranvía que avanza a través del lado más oscuro de la condición humana. Una nítida fotografía del infierno en la Tierra. Dolorosa e indignante; pero a todas luces necesaria.

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