El-último-showLa despedida de Robert Altman del cine y de la vida no podía venir de otra forma que repleta de música, buen humor y algunos momentos escogidos de vidas cualesquiera que no por ser “cualesquiera” tienen menos carga de profundidad y gancho que la épica habitual en Hollywood. Su “último show” -dediquemos una buena ovación a la interpretación necrófila y oportunista del título original- transcurre en uno de esos programas de radio en vivo que entona, como el propio Altman, su canto del cisne particular para sellar definitivamente la extinción de una manera de entender el espectáculo, y quizá hasta la vida, que, sencillamente, no ha lugar en la América del siglo XXI. Country, gospel, chistes malos y anuncios de cebo vivo en una última emisión llena de emociones y melancolía que Altman captura casi en tiempo real, con ese ir y venir de personajes por delante de la cámara que él patentó y que entronca directamente con obras como “Nashville” o la más o menos reciente “Pret a Porter” .

Las referencias a la muerte son constantes en “El último show”, pero tratadas con un fondo de esperanza y, sobre todo, sin dramatizar demasiado. Para Altman todo pasa y todo queda, y más allá de sus creencias personales, también reflejadas en la cinta, su mensaje, su epitafio, habla de afrontar la muerte de forma natural. Sea el principio o el final de algo, todos deben seguir (y de hecho siguen) adelante de una forma u otra, y el desaparecido director parece decirnos que “no lloreéis, por mí, porque he vivido y lo he hecho a fondo”. Y así, constatando que, para colmo, Meryl Streep,además de ser la mejor actriz del planeta también canta como un verdadero ruiseñor; que Kevin Kline es, ha sido y será siempre un gran payaso, o que la “savia nueva” Lindsay Lohan haría bien en entregarse a trabajos como éste en vez de petardear en compañía de ricas herederas y cantamañanas varios, el maestro Altman susurra su “no va más”, baja el telón y se marcha en compañía de un ángel seguramente tan deseable como el que encarna en su película la mil veces sexy Virginia Madsen . Pocas veces un “adiós a la vida” estuvo tan colmado de gozo y de ganas de vivir.

Hasta siempre, Sr. Altman . Nos seguiremos encontrando allí donde nunca pasa el tiempo: en la pantalla de un cine.

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