Conocí a Katie por pura casualidad. Aunque, parafraseando el soniquete favorito de Sánchez Drago, “todo está en los niños”, no fue la intención de criar niños perfectamente adaptados a un entorno perfectamente imperfecto lo que me llevó a ella sino un artículo del Huff en el que hablaba a las claras del suicidio. Robin Williams acababa de abandonar el edificio por su propia voluntad y Hurley despachó un texto valiente, probablemente incómodo para esa mayoría que prefiere silenciar la segunda causa de muerte no natural entre los jóvenes; pero… (Seguir leyendo).

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