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No es sencillo definir ni encasillar a la belga Helena Noguerra. Modelo adolescente, actriz de éxito, escritora… La música es sólo un vehículo más para dar salida a eso que unos llaman creatividad, otros expresión artística, y que ella entiende simplemente como su necesidad perentoria de comunicarse, sea por tierra mar o aire. “Sé lo que quiero, y lo que quiero hacer. Me gusta contar historias, eso es todo. Utilizo la música, la literatura o le pongo voz a otra mujer cuando actúo; pero al final todo es lo mismo. De lo que hablo es de la vida en sí, no necesariamente de mí misma”.

Noguerra tiene reciente en las estanterías un disco con nombre de película de Rossellini, Année Zero, aunque nada que ver con el canto a la desesperanza del padre de Ingrid Bergman. “Escogí ese título porque es mi debut como compositora. Antes me limitaba a hacer las letras y trabajar con un compositor. Entre rodaje y rodaje, como no tenía ningún músico a mano, me puse a ello yo misma. Y me encanta ser debutante en algo”, afirma nuestra protagonista con la misma seguridad que se refiere al siempre ambiguo asunto de la ‘feminidad’, esa que desprende a borbotes y sin complejos y que algunos consideran enemiga del feminismo. “Me siento muy a gusto, muy libre, respecto a mi sexualidad, y eso no tiene nada que ver con el feminismo. El feminismo es una cuestión de derechos. Los derechos de la mujer. Queremos el mismo reconocimiento que los hombres, ni más ni menos”.

En Année Zero Noguerra incide en su desmarque de las etiquetas y los estereotipos. “Los géneros me dan exactamente igual. Yo lo que quiero es ser libre, y la única conexión que hay entre las canciones es mi voz. La vida es constante movimiento. Asñi soy yo. No me gusta que nada sea definitivo. Si los críticos o los periodistas se encuentran perdidos sin referencias a las que agarrarse, no es mi problema”, remata la chica que Gainsbourg no pudo conquistar. “Trabajé con Serge dos veces, pero como modelo. En un videoclip para el disco Indochine y en un anuncio. Pero como hombre no me gustaba. Desde luego a mí no me sedujo en absoluto. Gainsbourg era demasiado grosero, era maleducado. Demasiado egoísta”. Aunque es inevitable fantasear con un dueto entre el más canalla de los cantautores gabachos y Helena, que entre sus múltiples registros interpretativos (“puedo ser dulce, puedo sonar oscura, cabreada…”) sabe calzarse a placer el disfraz de damisela sugerente. Con una ventaja; a diferencia de la Birkin o la Bardot, Noguerra maneja con precisión sus cuerdas vocales. De casta le viene al galgo a la hermana de Lio, referencia insoslayable del rock francófono. Pero si hablamos de consanguineidad, ella sólo tiene ojos para su hijo, Tanel Derard, modelo precoz como la madre que lo parió y actor en ciernes. “Quiero que Tanel vuele solo, que haga lo que quiera. Es libre. Más libre que yo, y creo que es positivo que sea así. Yo hago lo que me da la gana y espero que él también, que encuentre buenas oportunidades”. Y es que con semejante progenitora lo complicado debe ser cortar el cordón umbilical, sortear a Edipo y lanzarse a un mundo donde, a partir de ese momento, todo debería ir a peor.

Para Helena, sin embargo, los susurros de las musas, su verdadero yo, llegaron pasados los 30. No le tocó deshacerse de la sombra de una madre deslumbrante sino de aquel bollycao de belleza insultante que cantaba “Lunettes Noires” con apenas 18 años. La edad, algo que no parece quitarle el sueño. Tampoco tiene motivos, si bien es consciente del handicap de ser mujer, sobrepasar la cuarentena y andar expuesta al ojo público. “No es un problema exclusivo del mundo del espectáculo. A partir de ciertas edades a las mujeres se las suele dejar de lado, en general. Lo que tenemos que hacer es luchar contra eso, no quejarnos. Hacer nuestras propias películas, nuestras propias canciones. ¡Tenemos que ser soldados!”, enfatiza. Y mientras su melena negro azabache se aleja nos quedamos con la(s) música(s) de Année Zero que, en el fondo, “habla sólo de amor. Es sólo amor”. ¡Oh, Helena! ¡Oh, l’amour!

Año cero para Helena Noguerra.
EC, marzo 2014.

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