Somos-los-MillerNo dejar de resultar paradójico que sea el país del Tea Party, el “In God We Trust” y los pezones censurados el que facture las comedias más ácidas e irreverentes, con mucha diferencia, del planeta. Y es que, pese al puritanismo (quizá precisamente por eso) si hay que hacer un gag sobre un padre que trata de convencer a su hijo adolescente de que le practique una felación a un poli mexicano –una ‘mordida’ en toda regla-, pues se hace. No hay pezones, no hay vaginas ni ‘adeles’, pero el humor se lleva hasta sus últimas consecuencias. La única manera, por otra parte, de que el humor merezca la pena: sin barreras, sin red seguridad.

Para Somos los Miller Rawson Marshall Thurber reúne a un all star de la comedia americana; antiguos guionistas de Matrimonio con hijos, actores de Saturday Night Live o The Cleveland Show –el spin-off de  Padre de familia– más la mujer que se disputa, mal que le pese a alguno, con Kristen Wiig el cetro de la Judy Holliday de nuestros días: Jennifer Aniston. Es difícil que de semejante tormenta de ideas y talento no surja la chispa, la química. Química como la existente entre el camello de poca monta Jason Sudeikis y la stripper Aniston –por cierto, gloriosa encerrona la que le preparan en las tomas falsas a colación de su chupipandi del Central Perk-, esos falsos paá y maá que desfilan en roulot allende la frontera mexicana, acompañados de dos churumbeles en edad de merecer (también ficticios), para traerse un par de toneladas de marihuana.

Entre la clásica road movie, Familia y la factoría Apatow cuando saca lustre a su ametralladora de diálogos afilados como los juguetes de Kigsaw, Somos los Miller se redime incluso del pecado mortal de la comedia: el metraje excesivo. Qué buenos son cuando son buenos estos yanquis.

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