Electric-Nana-Entrevista-2013-TopIba para profesora de español, pero la música pudo más. El azar hizo que se cruzara en el camino de Carlos Jean y su Plan B, y el resto es una historia que apenas si se ha empezado a escribir. Aunque con pelotazos como el single ‘Lead the way’, ‘Très Mien’ o su colaboración en el último disco del gurú Jean, Combustión, todo parece pintar de color de rosa para Electric Nana, el álter ego de Mónica Vázquez. Entusiasmo y ganas de comerse el mundo no le han de faltar a la pizpireta madrileña. Tampoco el oficio necesario para facturar canciones hijas de su tiempo, de adictivos estribillos siempre perfilados por la versatilidad de sus interpretacionesNo le pierdan la pista.

Empezar en esto de la mano de un perro viejo como Carlos Jean es un lujo que muy pocos se permiten. ¿Cómo surgió esa conexión?
Es una historia curiosa la verdad: Carlos creó un proyecto musical, el Plan B, en respuesta a la negatividad que se respira(ba) en España y a sus ganas de hacer algo nuevo. Publicó el proyecto en internet, lo puso en Twitter, y resultó ser una de las poquísimas personas a las que seguía por aquel entonces (no lo usaba mucho). Dio la casualidad de que lo vi al poco tiempo de publicarlo y participé. Serían las 2 de la mañana cuando lo vi y subí mi pista. A la mañana siguiente ya tenía un email de Carlos. Me seguía en Twitter, me mencionó un par de veces… ¡no me lo podía creer! Fue muy guay. A partir de ahí los dos teníamos muy claro que queríamos hacer más música, así que fue cuestión de encontrar el momento adecuado. 

Y para los recelosos, ¿qué diferencias hay entre El Plan B de Carlos y las Operaciones Triunfo, La Voz, etc.?
Buena pregunta (Risas) No tiene nada que ver. Empezando por el hecho de que esto es sólo música, no espectáculo, con lo cual nos quitamos de mucho peso mediático de tener que gustar a todo el mundo. Eso le da mucha libertad creativa al equipo humano que gestiona el proyecto (en este caso Carlos) para hacer lo que realmente quiere. Y los participantes, al hacerlo todo por internet, desde casa, que es mucho más íntimo, al final se arriesgan mucho más y apuestan por hacer cosas más rompedoras. Además, con el Plan B no se buscaban voces, sino talento creativo musical, es decir: compositores. Podías subir una aportación de cualquier tipo, no había límites. Y por último, el jurado era un músico, con una visión y un sonido personal, que escuchaba todas y cada una de las aportaciones. Soy testigo (Risas) Era un currazo, pero sabías que en algún momento del día Carlos Jean iba a estar escuchando atentamente tu obra. Sabías a lo que te enfrentabas y con quién estabas “hablando”. Con Carlos. Ni público, ni jurado de gente molona del famoseo español. 

Por cierto, ¿te postulaste alguna vez para la ‘academia’?
No, nunca lo hice (Risas) A pesar de que muchos amigos me insistían bastante, no sé si porque realmente pensaban que sería bueno para mí o si sólo querían echarse una risas viendo cómo Risto me despellejaba viva.

¿Te habría importado hacerlo?
Fue una opción de salida profesional en su momento, como muchas otras. Pero no tenía ni tiene mucho que ver conmigo, por mi forma de ser y trabajar, presentarme a ese tipo de programas. Siempre he pensado que los concursantes deben de tener mucha paciencia y tesón para “aguantar” el programa en sí, el escutrinio de la gente y de un jurado que, la verdad, a veces parecen cogidos al azar. Sinceramente, creo que no lo habría disfrutado: no me gusta ese mundo de iridiscencias de los medios. Me parece agotador y que tanto flash desvía la atención de lo único que importa: la música.

¿A qué se refieren los que te definen como una ‘artista 2.0’? Yo te veo encima del escenario, enseñándole tu música al mundo. Exactamente igual que Madonna desde hace 30 años o Lady Gaga…
(Risas) Bueno, empecemos por lo básico: a la gente le encanta ponerle “2.0” a todo. Dejando eso de lado, sí es verdad que trabajo “en la red”. Por decirlo de alguna manera, es más fácil que te conteste a un tweet que al teléfono. Compongo en el ordenador, subo canciones, twiteo sobre el proceso creativo, cuento mis tonterías, y hago casi todos mis contactos personales y profesionales por la red. He tenido mil blogs distintos, y varios canales de YouTube, MySpace… me he subido a todas las modas del internauta entregado, (Risas) De hecho, ¡todo esto empezó a raíz de un tweet! Formo parte de esa generación de veinteañeros que respiran libertad, de expresión, de formación, de crecimiento, y usamos internet para convertirnos en quienes queremos ser. Nos dan igual las reglas que generaciones anteriores han puesto. ¿Títulos? ¿Experiencia? Dame una persona con imaginación, valor y ganas de comerse el mundo. En la música, ha sido un boom de creatividad, de voces que nunca antes habían podido decir nada. Hemos descubierto un montón de grupos, contactado con más gente que, como nosotros, intentan crear algo que merezca la pena ser compartido… Soy una más, lo que pasa es que a mí, por cosas de la vida, alguien hizo click y le gustó lo que vio. Y ese alguien resultó ser Carlos Jean. 

Te voy a ahorrar una ristra de nombres de compañeras tuyas con las que seguro que se te compara. Todos las tendrán en mente. ¿Qué dirías que es aquello que hace especial a Electric Nana? Su as en la manga. Su arma secreta…
(Risas) ¿Su arma secreta? Que no tiene ninguna. Soy una melómana, una idealista. Me encanta hacer música, es algo que no puedo parar de hacer, independientemente de si me da de comer o no, es lo que me hace quien soy.  No busco la fama, no busco hacerme rica, no busco ser reconocida por nadie. Sólo quiero ser feliz y hacer música me hace feliz. Sin más. De todos modos las comparaciones me parecen graciosas. Algunas me halagan, otras me dejan de piedra, pero la gran mayoría me sorprenden y me parecen erróneas. Claro que es culpa mía: aún no he sacado suficiente material para identificarme, por decirlo de alguna manera. Sinceramente, me encantaría componer y producir canciones para la mayoría de las chicas y grupos con los que me comparan. 

 

Se espera tu primer disco para noviembre. ¿También con Jean involucrado?
¡Yep! Las canciones son todas mías pero claro, es mi productor… Se espera mi disco para noviembre. A ver qué pasa. (Risas) Lo mejor de trabajar en internet y con Muwom es que hacemos planes, pero somos flexibles. Reaccionamos a lo que sucede a nuestro alrededor. A lo mejor se saca mucho antes, a lo mejor mucho después. Who knows… Me haría ilusión sacarlo pronto, eso sí.

Aunque fueras una niña en los 90s, supongo que llegaste a comprar cedés (¡quizá hasta algún vinilo!). Aún existía entonces la cultura del soporte físico. Del querer ‘poseer’ una obra más allá de cuestiones económicas o prácticas… Pero como artista te toca vivir una época muy diferente. ¿Preferirías que todo fuera como antes?
No. ¡Los peinados de los 90 eran muy terribles! La verdad es que tengo una colección bastante aceptable de vinilos, Cds y cassettes, mis favoritos. He sido enfant terrible del walkman: no me quitaba los cascos ni para dormir. La verdad es que ha sido todo muy interesante, ver cómo ha cambiado el mundo. No puedo desear que todo fuera como antes, porque si todo fuera como antes yo no podría hacer música. Para empezar, no tendría un portátil con Logic, que es con lo que trabajo, y para terminar no habría podido subir mi música a internet y contactar con gente molona. Son tiempos inestables, impredecibles y complicados para la música y el arte en general, pero a mí me parecen increíblemente interesantes. Estamos en medio de una revolución cultural y social, y nosotros podemos escribir una línea de la historia ahora mismo, si conservamos la mente abierta y una actitud positiva. 

¿Hay ‘mensaje’ en las canciones de Electric Nana o, como decía Joe Perry, prefieres eso de “let the music do the talking”?
Let the music do the talking, totalmente (Risas) Mis canciones son mini bandas sonoras para momentos, sensaciones, mundos que imagino. Son costumizables. A cada persona le dirán algo distinto. Pero no pretendo evangelizar ni decir nada en concreto, la verdad. Escribo las canciones que me falta por escuchar, las que aún no he encontrado por internet. 

De todas formas, por la situación global, este parece un momento mucho más adecuado para que salgan músicos que se caguen en todo. Mucho más que en los años del punk, o del grunge; más incluso que en mayo del 68 si me apuras… Y sin embargo, dejando a un lado el underground puro y duro, ¿dónde está el lado combativo en las bandas más o menos jóvenes? ¿Echas en falta algo de eso?
Hmmm… Me gustan las canciones que inspiran sentimientos y pensamientos que ensalcen principios, un sentimiento de pertenecer a tu propio mundo y al que nos rodea, moralidad y ganas de ser mejor cada día. Sí echo de menos un mayor grado de concienciación y de empatía hacia el sufrimiento ajeno. Claro que es difícil pedirle a un joven que sienta empatía por los niños de Filipinas si ni siquiera es capaz de situarlo en el mapa. Cuanto más avanzamos en tecnología, más retrocedemos en humanidad. Echo de menos que la gente se escandalice, la verdad. Estamos llegando a un punto de frialdad impresionante. Y en el arte, han sido muchos años de hacer “cosas para vender”. Ahora con internet parece empezar a resurgir una nueva identidad de arte, de “cosas para sentir”, independientemente de que den o no dinero. Todo vuelve. ¡Sólo espero que sigamos aquí para verlo! 

Volvamos a la música…. Te he visto por ahí haciendo un cover del ‘Bitch’, de Meredith Brooks. ¡Me recordaste que un día fue un superhit! Pero lo tuyo tiene más que ver, en principio, con el pop ‘electrónico’, con las bases programadas, los sintes, los estribillos adictivos… ¿Ha influído en eso la figura de Carlos Jean?
(Risas) No, la verdad es que no. Como todo el mundo, he ido creciendo y cambiando de gustos musicales. De pequeña escuchaba los Beatles, mucha música española, como Juan y Junior por ejemplo, y clásicos como Nat King Cole, Frank Sinatra, Marvin Gaye, Ella Fitzgerald, Harry Nilson… Luego vino la adolescencia, con Alanis Morissette, Texas, Michael Jackson, Meredith Brooks, The Offspring y todo el punk-rock al que podía echar mano. Después vinieron los 80 españoles, toda una obsesión, Tom Petty, U2, Creedence Clearwater, Daft Punk, Prodigy, Steppenwolf, Deep Purple, The Who, Iggy Pop, Blur, Albert Hammond, Billy Joel, Moby, Toto, Supertramp… Luego empecé la universidad y descubrí miles de grupos nuevos y antiguos que me encantaban, imposible nombrarlos todos. Me metí de lleno en el mundo folk-indie internacional y no quería saber nada si no oía ukeleles de fondo. Ahora estoy inundada de música sueca y del norte de Europa, indie electrónico que, en realidad, suena muy pop, y ahí me veo yo. Ése es mi paisaje sonoro. Melodías sin complejos que viajan por la habitación, escribiendo la banda sonora de un momento. Mis grandes influencias para componer y producir son Sigur Rós, Vangelis, Hans Zimmer, y Moby. Y si, imaginemos, pudiera diseñar un cartel ideal en el cual poner mi nombre, contaría con bandazas como Bastille, The Glitch Mob, Passion Pit, The National, Fun., Jónsi, Kavinsky, M83, Imagine Dragons, Niki & The Dove, The Sound of Arrows, The Naked and Famous, College, The Shoes, Buffetlibre… 

Hablemos de futuro, para terminar… ¿Cómo te ves dentro de diez años? ¿Descartas de plano lo de dar clases de español en Berlín?
No descarto nada, ¡y espero no hacerlo nunca! Entre tú y yo, he decidido descartar vivir así, pensando en el futuro, así que no, no me imagino cómo seré yo o mi vida dentro de diez años… pero en algún momento viviré en Berlín (Risas) Eso lo tengo claro. Lo que sí espero es no perder nunca estas ganas de inventarme mi propia vida cada día, y decidir cada mañana que sí, quiero seguir haciendo de cada minuto algo que merezca la pena ser recordado, aunque luego nunca me acuerde porque, la verdad, ¡tengo una memoria pésima!