jklein-home1-e1350062874350Introducirse en el universo de Janet Klein resulta muy fácil. Más allá de lo cercano o lejanos que uno se sienta de su música, esos sones que se pierden en la noche de los tiempos, el carácter de nuestra anfitriona, su dulzura, su amabilidad incondicional y, sobre todo, su tremenda pasión por lo que hace, se transmite en cada respuesta y eso basta para despertar la curiosidad del oyente. Pero hay algo que a Janet le gusta dejar claro: no ha venido al mundo a imitar a sus ídolos ni a ser una simple recreación artificial de la música de los años 20 y 30 del siglo pasado. Ella vive por y para rescatar unas melodías, unas formas escénicas y hasta un estilo de vida que, de no ser por gente como ella, habrían desaparecido de una vez y para siempre de la faz de la Tierra.

A la espera de poder disfrutar en nuestros escenarios de Janet y sus Parlor Boys, tal y como han hecho ya en Japón o Australia, esta dama de sonrisa eterna e impresionante bagaje cultural -en el más amplio sentido de la palabra-nos abre de par en par las puertas de su fascinante imaginario.

“Mi misión es el encanto”, esa es una cita tuya. Pero no puede uno imaginarse unos tiempos más hostiles que estos para embarcarse en semejante misión…

(Risas) Gracias por resucitar esa cita. En muchos aspectos me siento como un canario en una mina de carbón. La cosa está bastante difícil. Pero, ya sabes, si envías al pajarillo a esos túneles oscuros y el ambiente no está envenenado del todo, él seguirá cantando. Un canario muerto era lo que alertaba a los mineros para que evacuaran inmediatamente. Y si el encanto, la coquetería, desaparecen de nuestra sociedad estamos listos. Yo llegué a este tipo de música porque sentía que necesitaba algo, que algo me faltaba, como si algunas cosas se hubieran perdido para siempre en la cultura moderna, ciertas emociones humanas básicas se han ido perdiendo, se las ha ido recortando… como si no hubiera espacio para pequeñas expresiones que representan el lado dulce de la vida. […] Cuando uno piensa en la música de la época de la Gran Depresión, ves que estaba hecha a conciencia para alegrar a la gente en tiempos oscuros. De alguna manera los compositores y los letristas se las arreglaron para llenar sus canciones de versos en los que muy inteligentemente recordaban a la gente que las cosas importantes de la vida no costaban nada. 

Dejemos algo claro: no hay un personaje ficticio llamado Janet Klein. La verdadera Janet Klein se comporta y se viste tal y como vemos en sus shows y en sus fotos…

Todo lo que ves es lo que soy, todo el tiempo. Sea lo que sea, es algo sincero. No soy una actriz, ni me dedico al teatro musical; tampoco soy una imitadora de nadie. Yo vengo del mundo del arte, así que aprendí a buscar cosas que de verdad fueran con mi personalidad, y me llevó mucho tiempo dar con algo que aliviara mi descontento. Cuando finalmente empecé a conjugar mis fascinaciones estéticas con mis intereses musicales sentí como si todas mis moléculas hubieran encontrado su configuración correcta. 

¿Eres siempre tan dulce y encantadora como parece o alguna vez Janet Klein rompe a jurar en arameo y estalla en cólera? En otras palabras, y parafraseando una de tus canciones, ¿eres ‘mucho más salvaje de lo que aparentas’?

Supongo que soy una persona bastante educada, me puedo adornar mucho al hablar, y creo que es por eso por lo que me siento tan a gusto en Japón. Pero, por supuesto, las cosas me afectan, y me entra rabia y acabo maldiciendo como un marinero… como Popeye, o más bien como Olivia. (Risas) Soy una campesina que siempre trabaja duro, dentro del cuerpo de una señorita. Un momento estoy cosiendo y remendando y al segundo siguiente estoy marcándome un baile de lo más salvaje.

Las letras de las canciones que interpretas suelen ser, en apariencia, bastante naif. ¿Hay mucho mensaje subliminal en ellas o significados más profundo, más duros, de los que podemos percibir en un primer momento?

Es que no creo que las letras sean tan naif. A menudo están llenas de matices y son muy complejas. Por ejemplo, todas esas que hablan de la emoción de casarse y que tienen mucho contenido sexual implícito, cuando se habla de hacer manitas, darse besos o saber qué hacer en un día lluvioso. Muchas de ellas también hablan de los personajes habituales en cualquier garito de la época: los gigolós, las bailarinas que repartían bananas en cestas de fruta; canciones sobre cocaína, tuberculosis, homosexualidad… Las canciones son tan melódicas que, si no las escuchas atentamente, puedes perderte un montón de detalles.[…] Una de las características de la música de los 20 es que las canciones casi siempre tenían un verso introductorio que daba pábulo a una historia. A medida que pasó el tiempo, en la década de los 30, esos versos desaparecieron. A veces esos versos eran inoportunos para el baile, porque a menudo suponían un cambio de ritmo. Más tarde, en los 40, todo el mundo iba ya directo al gancho, al estribillo. Pero a mí me encanta cantar esos versos. Uno de mis ejemplos favoritos es la canción “Side by side”, que mucha gente suele reconocer y que se canta en un tempo muy alegre: “We ain’t got a barrel of money, maybe we’re ragged and funny. But we’ll travel along, singing a song side by side.” (‘No tenemos ni un céntimo, y tal vez vayamos desarrapados y resultemos cómicos, pero seguiremos adelante cantando una canción los dos juntos”). Sin embargo, la mayoría de la gente no conoce el verso que es de verdad hermoso en esa canción, porque está lleno de patetismo: “See that sun in the morning, peeking over the hill, I guess you know it always has and I guess it always will. That’s how I feel about someone, somebody feels about me. That’s how we love each other and that’s the way it always be. If he goes and takes him a notion to go and drown in the ocean, well it’s sink or it’s swim, it’s me and it’s him, side by side” (‘Veo el sol de la mañana, asomando sobre la colina. Supongo que sabes que siempre ha sido así y siempre lo será. Así me siento yo por alguien, y así se siente alguien por mí. Así nos amamos y así será siempre. Si se le ocurre ahogarse en el mar, bueno, se trata de hundirse o nadar, somos él y yo… siempre juntos.’). Otro factor común en aquellas canciones eran los aspectos trágicos de la vida de buenas chicas. Cuando una jovencita se subía al escenario haciendo girar su bolso y cantaba: “Wherever I go whatever I do, I want you to know I blame it on you, I wouldn’t be where I am, doing what I am, feeling what I am, if you hadn’t gone away.” (‘Donde quiera que voy, haga lo que haga, quiero que sepas que te culpo a ti. No estaría donde estoy, haciendo lo que hago, sintiéndome como me siento si no te hubieras marchado’).También había canciones sobre vivir en pecado, que ya eran lo suficientemente significativas para despertar la imaginación de la gente o para hacer todo tipo de terribles conjeturas.

¿Te has planteado re-escribir alguna de esas letras para, de alguna manera, adaptarlas a las expresiones y el lenguaje moderno?

He tenido que hacer pequeñas adaptaciones aquí y allá. A veces es como una carrera de obstáculos, porque muchas de esas viejas canciones tienen contenido sexista o racista, y hay que cambiarlas. Pero es muy positivo que esas cosas destaquen hoy por ser inapropiadas, porque eso significa que la sociedad ha aprendido ya una o dos cosas. 

¿Te sientes cómoda con etiquetas como ‘retro’ o ‘revival’?

No me vuelven loca esas etiquetas o esas “escenas” de las que la gente siempre habla. Pero sí, supongo que sigo una órbita inversa; que voy marcha atrás, por decirlo de algún modo. Es interesante ver cómo, en el mundo de internet, se puede buscar todo tipo de cosas sin tener que ceñirte a una sola categoría, ya sea rock, folk, música clásica, pop… Piensa en todos los estilos de música que han existido, y ahora los tienes ahí en tu ordenador, y de la manera más detallada. Tin pan alley, jazz primitivo, música hawaiana de los años 20,mussette francesa, music hall inglés, música de teatro de principios del siglo pasado, vodevil, ragtime, salomas, tradicionales italianos, orquestas de mandolina, músicas étnicas de todo el mundo… Puedes buscar ‘retro’ en internet y dar con cosas que van aún más allá de todo eso. Yo metí ‘retro’ en un buscador y lo primero que salió fueron unas zapatillas deportivas de los años 70. (Risas) Pero creo que esa no era mi horma. 

¿Te consideras una especie de arqueóloga musical?

Voy a parecer una listilla, pero… si arqueología es el estudio de la historia humana y de sus culturas a través de artefactos y restos del pasado, de su estudio… bueno, eso explica más o menos lo que yo hago, con el añadido de que canto y hago música con unos músicos maravillosos. Porque si esto fuera una actividad meramente académica, creo que me lo estaría pasando demasiado bien.

El material que sueles interpretar no es algo que uno encuentre fácilmente. Hay que ser un verdaderoconnoisseur para siquiera conocer algunas de esas canciones, algunos de esos artistas. ¿Cómo llegó una chica que creció en los 70 a dar con esa música de los años 20 y 30 del siglo pasado?

Bueno, creo que es obvio que soy alguien bastante inconformista, que va muy a contracorriente. Antes de que se me pasase por la cabeza lo de actuar para otra gente, ya era una pirada de la música. Pasé mucho tiempo en la biblioteca musical de la UCLA rebuscando entre los LP y también indagaba a través de biblioteca estatal, porque podías hacer consultas por teléfono. Estamos hablando de la era pre-internet. En aquel entonces participaba en algo que se llamaba Intercambio de Cartas, en el norte de California, y empecé a cambiar grabaciones y compilaciones caseras con otra gente. Me llevó años dar con algunas de aquellas pequeñas discográficas que distribuían recopilatorios de principios del siglo XX, y me llevó más tiempo aún saber que muchos coleccionistas de discos de 78rpm vivían muycerca de mí. Como el protagonista de “Ghostworld”, la película de Terry Zwigoff, me sumergí en un universo paralelo de coleccionistas de discos. Me sentí como Alicia cuando cayó por la madriguera. ¡Tuve suerte!

¿Cuánto tiempo dedicas a bucear en ese mundo tuyo? Toda esa búsqueda de viejas fotos, discos, diseños parece una ocupación a tiempo completo…

Es una parte de mi vida, una que disfruto muchísimo. A lo largo de los años, afortunadamente, mi círculo de amigos se ha ido haciendo más y más grande, y a veces gente que son historiadores o restauradores de películas me sugieren cosas, me envían material. La primera vez que fuímos a Japón, por ejemplo, la gente me sorprendió regalándome grabaciones japonesas de los años 20 y 30. Me enganché totalmente a ese material y acabé aprendiéndome unas cuantas canciones japonesas que tenían mucha influencia de occidente. Allí tuvo el mismo efecto que aquí: volver a tocar esas canciones hacen que cobren vida para las nuevas generaciones que las desconocían. […] Cuando preparábamos nuestra última gira por Australia me aprendí una canción fantástica, “Is ‘E and Aussie Is ‘E Lizzie?” que originalmente había sido grabada por un dúo llamado Mr. Flotsam and Mr. Jetsam en 1930. Si conseguimos ir a tocar a España, seguro que se me ocurre algo nuevo que tocar… 

¿Y cómo reaccionaban tus amigos y tus compañeros de clase, que probablemente fuesen fans de Bowie o Alice Cooper, cuando les enseñabas todos aquellos discos de la prehistoria?

En los 70 todavía intentaba mantener mi mente abierta y trataba de interesarme por la música moderna… Fui a algunos conciertos, sabía valorar lo que hacían Jimi Hendrix, Led Zeppelin, Bowie o los Beatles, pero en privado me ponía a darle vueltas a los orígenes de aquella música… Viejos blues o, en el caso de los Beatles e incluso Tiny Tim, antiguas melodías de los años 20. Eso despertó mi curiosidad, pero es algo que me guardé para mí misma.

Te mudaste a Los Ángeles a comienzos de los 80, cuando la ciudad estaba infestada de todas aquellas bandas de hair metal. ¿Te sentías muy fuera de lugar?

Claro que sí. ¡Pero ya estaba acostumbrada a ser una inadaptada! Cuando me fuí de mi ciudad, San Bernardino, donde cada vez había más chavales locos por el heavy metal, elegí Los Ángeles y lo que más me llamaba la atención de allí era la escena punk. No era mi estilo, pero fui a ver a Johanna Went o a Exene Cervenka y las apreciaba como artistas. Eran muy interesantes. Yo andaba experimentando con las performances artísticas o el recitado de poesía y fue entonces cuando conocí a Robert Loveless, que tocaba en una banda llamada Savage Republic. Me encantaba lo que hacían; esa mezcla de música atmosférica, rock industrial, spaghetti western, surf… También tendría que nombrar a Seventeen Pygmies, porque me noquearon con esas versiones que hacían de un material que originalmente grabó Walter Wanderley, un organista brasileño. Los Ángeles es un lugar estupendo para encontrar casi cualquier cosa, y eso para mí es muy inspirador. Los restos del viejo Hollywood me hacen sentir como en casa. 

Dices que quieres ser totalmente fiel a tu estilo de música, pero al mismo tiempo rechazas que te llamen nostálgica…

Es que la gente no llama nostálgicos a los que tocan música clásica, por ejemplo, ni a los historiadores por estudiar e interpretar el pasado. Tiendo a pensar que ese término, ‘nostálgico’, se usa más bien para etiquetar a quienes se han quedado colgados en un determinado look, normalmente con un punto kitsch. […] La idea general es que hay mucha músca fantástica de principios del siglo XX de la que todos se han olvidado. Es un material por el que siento un respeto enorme, por eso trato de hacer un buen trabajo cuando interpreto esas canciones. Toco con músicos que de verdad conocen y valoran el viejo jazz, el ragtime… Creo que trasladamos esa música a la gente con autenticidad, sin imitar a ninguna banda del pasado. Me gusta pensar que funcionamos como un grupo de aquellos tiempos, impulsados por esa música en la que estamos sumergidos, enseñándosela a la gente con el sabor de entonces. Al mismo tiempo, ya que estamos en 2009, tenemos la oportunidad de romper cono muchos de los clichés asociados a la música de los años 20, como, por ejemplo, que es ñoña o que las cantantes tienen todas voces de niña. 

De todas formas, ¿es posible sentir nostalgia de un tiempo que no has vivido?

Yo no diría nostalgia, más bien es una atracción enorme por la cultura de ese periodo de tiempo. Siempre le he dado la brasa a la gente mayor que he conocido para que me contasen historias de su juventud. El intervalo entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, entre 1917 y 1938, fue especialmente brillante y nunca dejo de recibir inspiración por la música, las películas y hasta el diseño de aquella ápoca. Tengo que sentirme por fuerza agradecida al hecho de poder obtenter información de primera mano de amigos míos que vivieron esos años dentro del mundo del espectáculo y que aún están con nosotros. Anoche, por ejemplo, estuve charlando con Carla Laemle, cuyo tío, Carl, construyó los estudios Universal. Carla hizo de bailarina en películas como “Hollywood Revue”, de 1928, “Melodías de Broadway”, “The King of Jazz” y muchas otras. ¡El mes pasado cumplió cien años! 

¿Cómo sobrevives en estos tiempos donde todo va tan rápido y es tan superficial y frío? La era de internet, el fast food…

Mi marido y yo vivimos en una vieja casa de 1908 que es fantástica, con mucha madera y llena de detalles. Nos encanta comer y cocinar cosas que cultivamos en nuestro propio jardín. Y después, claro, sufrimos el tráfico de Los Ángeles -¡de eso aquí no te libras!. Pero cuando vamos al centro siempre tratamos de gastar nuestro dinero en pequeños negocios familiares. No nos lanzamos a por cada nuevo aparato que inventan y, cuando estoy con mis amigos, siempre desconecto el móvil. Recuerdo cuando no había móviles ni contestadores. La gente te llamaba, el teléfono sonaba… pero no podían hacer más que esperar y llamar más tarde.

¿Qué tal te llevas con los cedés? Obviamente eres una enamorada del sonido original de esos discos que recreas, pero eso es algo incompatible con la tecnología digital…

Utilizamos equipos modernos en las grabaciones, pero tocamos en directo, todos juntos. No hacemos overdubs ni nada parecido. A veces experimentamos con los lugares en los que grabamos. Por ejemplo, me atraen especialmente grabaciones hechas por Victor Records en 1927. Descubrí que fueron hechas en un almacén de tabaco, y el sonido que obtuvieron es algo que me fascina. En nuestro segundo CD probamos a grabar en una especie de salón de baile. El resultado me dejó muy satisfecha. Grabamos así cuatro o cinco temas: “Paradise Wobble”, “Nasty Man”, “I’m no angel”, “Sitting on a rubbish can” y “Clip Joint”. 

¿Qué es lo que más te gusta del siglo XXI? Ya no hablamos sólo de música, sino de la sociedad en general, los avances que ha habido…

El aire acondicionado es un gran invento. (Risas) La gente usaba bañadores de lana en los años 20, y eso no era muy buena idea. Está claro que internet y los avances en medicina son impresionantes. El diseño de coches, por ejemplo, era mejor en el pasado, aunque, de acuerdo, aquellos coches eran letales si había un accidente. Pero, ¿por qué los coches modernos tienen una estética tan aburrida? 

¿Crees que te habría gustado vivir en los años 20? Por ejemplo, las mujeres entonces sufrían muchísima más discriminación…

Bueno, en los Estados Unidos fue una época muy revolucionaria para las mujeres. Las sufragistas hicieron un trabajo muy duro para poder votar, para que las mujeres pudieran ir a la universidad o incluso vestirse con ropas más cómodas; liberar a las chicas de todos aquellos corsés. Las mujeres de los años 20 pudieron aprovecharse de esa dura lucha, probablemente para desagrado de los políticos de entonces. La siguiente generación fue bastante salvaje y algo frívola, al menos hasta que llegó la Depresión. Los vestidos se acortaron de forma considerable, las chicas empezaron a llevar el pelo muy corto y el maquillaje se volvió más asequible para todo el mundo. La música era buena… había muchas formas muy baratas de pasarlo bien. […] En fin… me habría gustado vivir en los tiempos previos a la invención del plástico, cuando el único rock and roll que había era el jazz de los años 20. De todas formas, hay que tener cuidado con lo que uno desea, porque estoy segura de que en todas las generaciones ha habido circunstancias duras. Reconozco que tengo mucha suerte por disfrutar de todos los privilegios que ofrece el siglo XXI.

Además de hacer música, pintas y escribes poesía, lo que me hace pensar que, en realidad, tu sitio no está en los años 20, sino en el Renacimiento. Ahora bien, ¿por qué no te has decidido a publicar un disco que sea 100% Janet Klein? Un álbum en el que no seas sólo la intérprete, sino también la compositora…

Me gusta la idea de fusionar de alguna manera mi pintura y mi poesía con la música, pero se me haría algo artificial. Me gusta la libertad que te dan el arte y la poesía para introducirte en misteriosas formas de expresión a las que no puedo acceder sólo con la música, pero no estoy segura de que fuera capaz de encontrar una manera de unir las tres cosas. Y creo que está bien así. Por ejemplo, muchos de mis pintores favoritos han escrito poesía: Kurt Schwitters, Marsden Hartley, Man Ray… y no necesitaban meter los poemas en sus cuadros para ser artistas más completos. En cuanto a mí, lo que más me llama es descubrir joyas perdidas en el tiempo. Hay una cantidad ingente de música que se ha quedado huérfana, y yo puedo ‘salvarla’, compartirla con el mundo y mantenerla viva. Hay tanta gente que se dedica a inventar cosas nuevas que pienso que es muy posible que, si yo no me dedico a esto, todo ese material maravilloso acabará perdiéndose del todo. 

¿Has pensado en hacerte actriz? Igual no conectas para nada con el cine moderno, pero tus dotes para interpretar están ahí…

Intento mantener una mente abierta. La música nos ha metido en algunas aventuras interesantes, así que nunca se sabe. 

Ahora, para terminar, no te voy a hacer una pregunta, sino una petición. Danos tres consejos para ser, estar y sentirnos encantadores las veinticuatro horas del día…

!Nada de comida basura! Nada de usar zapatillas deportivas, a no ser que estés haciendo deporte. Nada de usar vaqueros, a no ser que seas granjero, o cowboy, o mecánico (Risas). Y te doy algunos consejos más: disfruta vistiendo bien. ¿Qué tal si te pones una pajarita? También hay que ser dulce con tu pareja; apreciar, como se suele decir, las cosas que vienen en tarros pequeños, las cosas hechas a mano o todo lo que aún seguirá siendo hermoso dentro de cien años. Que los aparatos y los gadgets no controlen tu vida… ah, y no dejes la dentadura postiza a la vista de la gente. (Risas).