blind-melon-for-my-friends-aNadie puede poner en duda la honestidad y la integridad con la que los miembros de Blind Melon se condujeron tras la desgraciada muerte del cantante Shannon Hoon. Cero amarillismo, cero morbo; no hicieron leña del árbol caído ni fabricaron dólares con las cenizas del compañero desaparecido. Tipos honorables, Brad Smith y compañía; no hay más que decir al respecto. Ahora, más de diez años después de que la banda se disolviera, después de tomar parte en diferentes proyectos sin demasiada repercusión mediática, Blind Melon toman la siempre controvertida decisión de devolver a la vida a un grupo al que le falta su líder, su bandera, su alma máter; no sólo el hombre que dotaba de personalidad al combo con su presencia y su peculiarísima voz, sino alguien que se convirtió en una suerte de de mártir generacional, como Cobain, como Layne Staley. No es fácil. Quizá no es ni siquiera una maniobra aconsejable teniendo en cuenta que la cuneta está llena de cadáveres de bandas “reunidas”, pero están en su derecho y la escucha de este “For my friends” no hace sino confirmar el inmenso respeto y la decencia con la que los Melon honran la memoria de Hoon.

La primera toma de contacto con el debut de estos renacidos melones ciegos es, sin embargo, algo chocante: sin ser un vulgar clon, Travis Warren, el nuevo vocalista, posee un registro muy similar al de Hoon, transmitiéndonos el inevitable pensamiento de que, cante lo que cante, escriba lo que escriba, cualquier tiempo pasado fue mejor para Blind Melon. Pero esos son sólo los daños colaterales de un reencuentro traumático, al fin y al cabo era complicado encontrar a alguien que, sin sonar como Shannon, fuese capaz de interpretar las canciones que él llevó hasta el infinito y más allá. Cuando el triángulo oyente-banda-cantante forastero se asienta y los temas del nuevo trabajo van desvelando su poder; cuando se sublima la música por encima de lo extra-musical, llega la verdadera revelación: “For my friends” es un digno continuador de aquellos fabulosos “Blind Melon” y “Soup”que BM dieron a luz en vida de Shannon. Sonido orgánico, cálido (¡que vivan los setenta!), un equilibrado tránsito entre los momentos de más fuste rockero y el reposo de los medios tiempos, y la decidida apuesta por la melodía y el estribillo reconocible. Ha aflorado quizá la tez más pop de los californianos, aunque en ningún caso como ruptura con el glorioso pasado, sino a modo de evolución natural y bien digerida. Allá donde esté Shannon levantará el pulgar y sonreirá al ver que no todo se fue con él; que sus compañeros tienen aún mucho talento que compartir con el mundo. Y a nosotros sólo nos queda un deseo irrealizable: ¿cómo habrían sonado esas “Whisng Well”“Last laguh” o “Make a difference” en la garganta del hombre que cantó para una abeja bailarina? La respuesta, en el otro mundo.