Towers-of-LondonLa penúltima esperanza blanca del rock británico son cuatro ratas de Liverpool -o eso quieren hacernos creer- insultantemente jóvenes, con look a lo Def Leppard y la actitud callejera de Rotten y compañía. Su álbum de debut arranca con sirenas, con batería al trote y un riff que nos traslada ipso-facto a las aceras de Sunset Boulevard, más o menos a la época en la que un tal W. Axl Rose trataba de abrirse camino a codazos, o como fuera, en la escena angelina. La misma fórmula que en el 87 llevó a Guns N’Roses a convertirse en la banda más grande del mundo a los chavales de Towers of London les dará, como mucho, para hacerse un hueco en el circuito europeo y quizá, con un poco de suerte, para probar fortuna allende los mares. Es el signo de los tiempos, lo cual no es óbice para que hayan entregado un disco fresco, descarado; en el que etiquetas tan denostadas por el mainstream como glam, hard rock o punk les sientan tan bien como la boa de plumas a Marc Bolan . Ninguna de sus muchas influencias destaca por encima de otra y, así, la batidora deTowers mezcla y convierte en puré a Ramones con Mötley Crüe , a Bowie con Cheap Trick -la intro de “King” es más que un tributo al Duque Blanco-, o a Dead Kennedys con los Stones . Gracias a la osadía y a la insolencia de su juventud salen victoriosos de todos los frentes, y los latigazos de rock and roll furioso van cayéndonos encima con no poco regocijo por nuestra parte. “Blood sweat and towers” es una colección de himnos a la rebeldía y el desenfreno que quizá llega 20 años tarde, pero, como se suele decir en estos casos, lo que cuentan es la intención. Eso, intenciones y maneras es lo que les sobra a estos cinco mocosos para salir ahí fuera y comerse el mundo o, como mínimo, para hacernos pasar el buen rato que prometen en la pegajosa “Good time” . ¡Sangre, sudor… y Towers!