MillonesEl penúltimo gurú del cine británico, Danny Boyle, se pone tierno y decide contarnos una suerte de cuento de Navidad sirviéndose de un par de hermanos huérfanos de madre y una maleta llena de dinero (las maletas llenas de dinero parecen ser la particular obsesión de Boyle. Recordad “Tumba abierta”). Cenicientos de los suburbios que aprenden a diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal. Esto no se hace, eso no se toca…

Bien rodada, en el estilo moderno y dinámico que caracteriza al inglés, la película deambula entre las secuencias que derrochan sentido del humor y mala leche, y los momentos saturados de glucosa indignos del tipo que marcó época (para algunos) con esa apología del “vive rápido, muere joven” que era “Trainspotting”. Un final cargado de moralina acaba por decantar la balanza de estos “Millones” hacia el saco del cine del montón para toda la familia.

Entretenida y visualmente atractiva, pero poco más. No es lo que se supone que debe ofrecer alguien con una cierta reputación.