Cinderella-ManRon Howard, el cronista del sueño americano, el amigo de los finales con violines y hurras continúa por la senda de los biopics (la que comenzara con “Una mente maravillosa”, basada en la vida del matemático y Premio Nobel John Nash) con una nueva historia de superaciones personales, padecimientos mil y merecida recompensa. ¿Quién ha sido el elegido esta vez? Pues un tal Jim Braddock, boxeador de medio pelo que malvivió durante la Gran Depresión (primeros años 30) pero que, en un alarde de fuerza de voluntad y coraje, logró llegar a lo más alto en su deporte, convirtiéndose en espejo y símbolo de todos los pobres desgraciados que las pasaban canutas por aquellos años.

“Cinderella Man” (que podemos traducir por “El Ceniciento”, apodo del duro Braddock) cuenta con una ambientación y una puesta en escena impecables, sólo al alcance de estas grandes producciones hollywoodienses, y de niños mimados de la industria, como es el caso de Howard. Las secuencias pugilísticas son más realistas que espectaculares (esto no es “Rocky”, los boxeadores no se dan 200 directos a la mandíbula en cada combate), y la recreación del sudoroso y mugriento mundillo del boxeo dejará satisfechos hasta a los más quisquillosos, a pesar de que hay bien poco que rascar a estas alturas en lo que a ese tema se refiere. Russell Crowe, encarnando a James Braddock, se eleva y se eleva y se descuelga con un nuevo despliegue de carisma y contención que, con toda seguridad, le catapultará hacia la estatuilla dorada (que sería la segunda en su haber tras “Gladiator”, y la cuarta nominación en cinco años). Reneé Zellweger, por su parte, parece anclada en suBridget Jones (¡estamos ya hartos de sus morritos!), y suya es la misión de dar vida a la esforzadísima y cuasi-santa mujer de Braddock. Por último, uno de los rostros de moda en Tinseltown: el secundarioPaul Giamatti, que después de “American splendor” y “Entre copas”, se ha hecho con el papel de abnegado manager y solícito amigo del personaje de Crowe. Sencillamente, lo borda.

Un nuevo éxito de Ronnie Howard, una buena película que sumar al maltratado sub-género cinematográfico en que se ha convertido en boxeo. No es “Toro Salvaje”, no es “Fat City”; pero merece la pena.. Ah, ¡y que Dios bendiga a América!