Unbenannt-1Las familias burguesas bien instaladas en las afueras de Berlín son mucho más civilizadas que las de las llanuras de Oklahoma. Por muy buenas universidades que haya en Oklahoma. Los berlineses tienen mejor gusto, rezuman serenidad y, aunque agnósticos, casi nunca ‘juran’. Pero en Berlín, como en Oklahoma, cuando la familia permanece unida más tiempo del deseable también comienzan a volar por los aires reproches y recelos.

Después de Agosto, la demoledora obra de teatro de Tracy Letts adaptada por John Wells, cualquier convivencia familiar antoja una feliz merendola campestre aunque, con o sin una Meryl Streep flotando en Valium y mala baba –en ¿Qué nos queda? la matriarca es una maníaca-depresiva bastante centrada-, Hans-Christian Schmid confirma que en todas partes cuecen habas. Sólo hay que encontrar un motivo, un detonante, y el resto de las rencillas presentes, pasadas y futuras caerán por su propio peso. Lo que Letts y Wells retratan desde el estruendo y el drama hiperbólico Schmid lo canaliza mediante un sutil crescendo, mostrándonos lo estrictamente necesario de sus personajes para entender por dónde resopla la Moby Dick emocional que cada uno lleva dentro. Comprende Schmidt que a menudo el eslabón más débil de la cadena, esa madre bipolar, es en realidad el que une con más fuerza al resto, el que mantiene a raya al desapego. Y es que Alemania is different, pero no tanto.

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