Hendrik-Rover-Entrevista-2013-topHendrik Röver da la impresión de ser un tipo serio, reflexivo, de ironía infinita y lacerante como un cuchillo de cazador, pero poco amigo de frivolidades y saraos que no tengan que ver con aquello para (y por) lo que vive: la guitarra, el ampli, el folio en blanco. Tiene fama, además, de incorruptible, y no hay nada en su carrera que haga tambalear esa imagen. En él es tarea complicada disociar al creador del melónamo, lo que se refleja en cada uno de sus trabajos, sea al frente de Los DelTonos, en solitario, o, como en lo último que ha despachado, haciendo piña con The Pilgrim Rose. En este Cantan (2013) Hendrik continúa la senda de No temáis por mí (2010) o Esqueletos (2008), bien pegado a los sonidos más rurales de la música americana. ¿Country en español? Sí, es posible. Sólo es necesario conducirse con el respeto cuasi religioso con que este hombre se muestra ante sus referentes y conocer el terreno que se pisa. Y vaya si Röver lo conoce.

No tengo claro quién trabaja más en este ‘negocio’, si Paco Loco o tú. En cualquier caso, ¿multiplicarse por diez es la única manera de sobrevivir como músico en este país?
Paco es el que más trabaja, sin duda; pero sí, hay que multiplicarse y tirar de todos los hilos del negocio para sacar algo en claro. De todas formas, todas las vertientes me gustan y no me importa la diversificación. Además enriquece (espiritualmente, claro).

Acabas de grabar un disco de versiones country y bluegrass con The Pilgrim Rose. Para alguien como tú, apasionado de esas sonoridades, ¿no es una tortura elegir apenas media docena de canciones que versionar? ¿Seguisteis algún criterio concreto?
Al final hemos grabado las que nos sabíamos. Hicimos unos conciertos en navidades para los que nos aprendimos éstas y alguna más y grabamos las que mejor nos quedaban… y las que nos dio tiempo en un día.

No sé si fue Hank Williams Sr. quien dijo que para hacer música ‘hillbilly’ había que haber olido mucha mierda de caballo. Supongo que disientes del maestro…
No creas. Cuando los granjeros de por aquí creen que va a llover y abonan, el olor a estiércol se puede cortar con un cuchillo y estoy seguro que puede provocar alteraciones genéticas a largo plazo. Yo lo sufro desde hace muchos años y quizás combinándolo con las músicas adecuadas se acelera la mutación y son más evidentes los signos externos. 

¿Sería comparable, por ejemplo, un irlandés de Massachussets haciendo flamenco a alguien del norte de España haciendo bluegrass? ¿O quizá la música americana, sea cual sea el ‘palo’, es a estas alturas algo mucho más universal que el flamenco, o la jota, o el yodel?
Mi opinión al respecto es que la música “americana” es bastante universal a estas alturas. La diferencia está en el idioma de las letras y las historias que describen. Esa es la diferencia entre que parezca una canción cercana y creíble o una pantomima, o un simple ejercicio de estilo. La próxima fase de mi talibanismo a favor de las letras en castellano (pero sólo porque vivimos en España) es una camiseta que ponga “El rock americano es posible en castellano”. ¡Au! 

El que te siguiera en los 90s con los Deltonos y se haya reenganchado a tu música en los últimos años igual piensa que te ha dado un siroco… ¿Cómo nace esta obsesión por el country?
El que me siguiera en los 90s y se fijara atentamente escucharía declaraciones mías en el 92, por ejemplo, diciendo que en realidad hacía “country con distorsión”. No olvidemos que contratamos a David Gwynn como productor del “Bien, Mejor” porque se comentaba que era un buen guitarrista de country, y yo esperaba salir de la grabación con algún truco nuevo. La corriente está ahí desde siempre, y Albert King convivió con los Dillards, pero para cada cosa hay un momento adecuado, supongo…  Pero mi tercer disco en propiedad fue un doble recopilatorio de Country del sello Guimbarda. 

Es curioso cómo muchos artistas ‘punk’ han terminado abrazando la música de raíces. A bote pronto, se me ocurren Mike Ness, Exene Cervenka, Eddie Spaghetti… También se da el trayecto opuesto, como Hank III, que igual hace discos absolutamente puristas que se marca historias de punk/hardcore extremo… ¿Cuál crees que es la conexión? ¿La sencillez de esos estilos, tal vez?
Bueno… la sencillez está en cómo te lo tomes, y en las letras está la diferencia. Hay mucho más paso del punk al folk que al revés. Quizás a veces la siembra de los padres se cosecha tarde. Con todos mis respetos, Hank III está tronado y no sirve como ejemplo. 

Aquí en España la cosa cambia. Los rockeros se ‘iluminan’ y descubren el son cubano, la rumba, los corridos… Creo que sobran los nombres. Ahora bien, me pregunto si, en realidad, un español no estará tan lejos del son o la cumbia como del rock and roll. Incluso más lejos, dada esa universalidad de lo ‘anglo’ que ya hemos comentado…
Las cosas como son; aquí lo único cercano es la conexión regional que le haya tocado a cada uno. Jotica, muñeira o flamenco, aunque las mutaciones de este  último sean las más dolorosas e incompatibles con una vida en plenitud. (Risas) Todo lo demás viene de más o menos lejos. Los que nos decantamos por los sonidos norteamericanos tenemos la disculpita de que no son más que sonidos europeos trasplantados a otro continente, pero en realidad es música de ‘aquí’. (Risas) 

Hagamos un poco de memoria, si no te importa. Muy a pesar vuestra, Los Deltonos no sólo pasaréis a la historia como un gran grupo de rock, sino como aquella banda a la que su discográfica le hizo la vida imposible durante años, impidiéndoles grabar, girar… El asunto salía hasta en los periódicos. ¿Cómo te recuperas de algo así? Es como nacer desencantado…
Es un tema que yo he conseguido olvidar unas cuantas veces pero, ¡cáspita!, siempre hay alguien que lo desentierra (Risas). No debió ser para tanto si seguimos aquí. Agua pasada no mueve molinos y nunca pienso en “lo que pudiera haber pasado”, porque no me va a sacar de nada. No sé si lo he dicho ya, pero soy campeón mundial de pragmatismo y mi motor es que lo mejor está por llegar. Así he llegado hasta aquí con esta sonrisa. Si me acuerdo de algo es del momento bizarro en los juzgados de Plaza de Castilla cuando el juez dice lo de “levántese el acusado”, ¡y de repente te das cuenta de que eres tú! 

Esa discográfica era, por cierto, de las llamadas ‘indies’. George Jones nos libre de hacer apología de las ‘majors’, pero, ¿por qué se tiende a creer que una discográfica pequeña o independiente va a ser más honesta que una grande? Es como pensar que un pequeño empresario es per sé, más honesto que Bill Gates…
Hombre, no olvidemos que el ego de Servando Carballar viene a ser del tamaño de Júpiter y lo que más le molestó fue que nos fuéramos a Dro, ese sello que él había alumbrado para salvar al mundo y que le había despedido con cajas destempladas. Recuerdo una vez que le llamé para decirle algo que no me gustaba del diseño del “3 Hombres” o algo así, y me espetó que a él “un niñato no le decía nada”. Pues eso… 

Hablando de la ‘industria’, hay quien sostiene que las multinacionales, además de forrarse, que para eso estaban, hacían una labor de criba y búsqueda de talentos. Sobran los ejemplos de A&R o productores que han descubierto o dado ‘forma’ a un grupazo detrás de otro… Pero eso se acabó. ¿Qué opinas? ¿Mejor que esa criba la hagan los propios oyentes a través de Facebook, Spotify, Youtube…?
Nadie tiene tantos minutos libres en su vida para bucear en el actual océano de morralla y buscar perlas. Al final es como ha sido siempre, descubres o conectas con alguien o algo de quien fiarte y vas haciendo caso a sus recomendaciones y ampliando tu espectro, y si eres un poco curioso rápidamente empezarás  a descubrir por ti mismo. 

Uno echa un vistazo a lo que ahora gusta a las generaciones más jóvenes, los que ahora tienen entre 18 y 28 años, y no sólo ve carencias en cuestiones como la personalidad o el talento, es que parece que ya no hay (ni habrá) nada nuevo bajo el sol… Así que, dime, ¿hay un verdadero estancamiento o es sólo esa percepción de abuelo cebolleta: “la música de mis tiempos era mejor”?
No creo que la cuestión esté entre mejor o peor, sino más bien entre más artificial y más honesta. En el segmento del producto destinado a consumo masivo las cosas siempre han estado más o menos igual de mal, pero en cuanto al rock de base, en el más amplio sentido del término, creo que en el porcentaje de canciones escritas desde el compromiso y expresando una verdadera emoción, los 60s y los comienzos de los 70s se llevan la palma. Me da que llevamos décadas intentando replicar aquel estallido de sinceridad. 

¿No crees que, en general, nuestra civilización hace tiempo que alcanzó sus mayores cotas en lo tocante al arte? Quizá podamos dar aún saltos cualitativos en lo tecnológico, en la medicina… pero, ¿cómo superar a Picasso, a Hitchcock, a Lennon/McCartney?
Pienso que, como te he dicho,  superar la música hecha entre el 67 y el 73 va a ser tremendamente difícil, porque además fue estupenda en todos los estilos. 

Hace poco leía a cierta superestrella patria decir que los músicos de pop/rock, que la música ‘popular’, no es ni puede ser comparable con la música clásica… Él metía en un mismo saco a Mariah Carey y Leonard Cohen, gente que “hace canciones”, nada demasiado sofisticado: unas cuantas rimas, una melodía, y a tirar millas… Quizá tenga algo de razón, pero cuesta creer que, como oyente, se obtenga lo mismo de Leonard Cohen o de Nick Cave que de Lady Gaga. ¿Somos unos esnobs sin remedio?
Respuesta  Punset: al final somos prisioneros de las conexiones neuronales que se han producido durante nuestra infancia y juventud y su relación con la emoción que en algún momento nos ha producido una determinada música. Quien no ha tenido los estímulos que desde nuestro parcial punto de vista son los correctos, desarrolla una indiferencia total hacia esa música “correcta” y viceversa. Mejor. Son mundos paralelos que ni se tocan.  Prefiero (egoistamente, lo sé) ver a Steve Earle en un club que tener que ir a un estadio. 

De todas formas, ¿no es incluso necesario algo de esnobismo en estos tiempos tan raros? Tampoco hace mucho supimos que la madre de Jesulín de Ubrique andaba firmando ejemplares de su libro en la Feria del Libro de Madrid… Se echan de menos los tiempos en que en la Feria del Libro veías sólo a escritores, cuando a los festivales de música iba sólo gente interesada en los grupos… ¿Otra vez el abuelo cebolleta nos está jugando malas pasadas? ¿Deberíamos irnos a vivir a la cabaña de la que hablabas en “No temáis por mí”?
No. Basta con no ir a festivales o a la feria del libro. Conviene ser lo suficientemente despierto como para discriminar entre palabrería vana y palabras sabias, masa y excelencia… 

Más nostalgia… No sé si eras seguidor de Jeff Buckley, pero seguro que devorabas en su día todo lo que llegaba con el sello ‘americana’. Sin embargo, cuando se lee en una hoja promocional que alguien suena a Buckley pasado por el filtro de los Wilco, hay que echarse a temblar… ¿Estarías de acuerdo en que se procediera a retirar los discos de Buckley y Wilco del mercado y que después se limitase el acceso a las guitarras acústicas?
El problema es que mucha gente cree que ‘googleando’ un poco se adquiere sabiduría musical. Luego cuando dices que los Wilco de ahora suenan a menudo a la etapa “Kiln House” de Fleetwood mac y a Steely Dan claro, no entienden nada, porque creen que Wilco (que a mí me gustan) han inventado la rueda. 

La última, de la que no se libra casi nadie y la que casi nadie sabe responder… ¿Qué demonios es el ‘indie’?
“Indie” es un anglicismo del cual se ha distorsionado su verdadero significado y ha pasado de significar “independiente” en el Reino Unido a ser en España un cajón de sastre en el que se amontonan cientos de grupúsculos sin vergüenza ni vergüenza ajena que no saben ni afinar sus instrumentos, desafinan como perros y en general constituyen una propuesta artística bastante lamentable, que seguramente por el amor innato patrio a lo cutre y al morbo -¡cómo mola! ¡a veces empieza una canción hasta cuatro veces hasta que consigue acabarla!- gozan de una amplia aceptación entre público y prensa “especializada”. Supongo que tenemos lo que nos merecemos por reír la gracia demasiado tiempo. El gérmen de todo esto está en el cáncer incurable que supuso la maldita movida Madrileña, pero eso lo trataremos en el segundo volumen de estas memorias… (Risas)